ESOS CA­SOS EN LOS QUE

EL ACO­SO NO ES VI­SI­BLE

El Deber - Extra (Bolivia) - - Vida & Pareja -

La es­co­la­ri­dad es el pe­rio­do en el que se ha­ce más im­por­tan­te ha­blar con los ni­ños a fin de evi­den­ciar a tiem­po se­ña­les que pue­den es­tar sien­do aco­sa­dos o que son los aco­sa­do­res de al­gún com­pa­ñe­ro o com­pa­ñe­ra. Es­tas se­ña­les de aler­ta tam­bién pue­den po­ner de ma­ni­fies­to otros pro­ble­mas, co­mo la de­pre­sión o el abu­so de sus­tan­cias con­tro­la­das, se­ña­la un post so­bre el te­ma en el si­tio stop­bull­ying.gov. Ha­blar con el ni­ño a tiem­po pue­de ayu­dar a iden­ti­fi­car la raíz del problema, so­bre to­do por­que no siem­pre quien su­fre aco­so es­tá dis­pues­to a de- nun­ciar­los. ¿Por qué no piden ayu­da los ni­ños? Se­gún estadísticas en Es­ta­dos Uni­dos, los pa­dres se en­te­ran de al­go me­nos de la mi­tad de los ca­sos reales de aco­so. Los ni­ños no ha­blan con los adul­tos por ra­zo­nes co­mo que el aco­so es­co­lar les ge­ne­ra una sen­sa­ción de im­po­ten­cia. Quie- ren ma­ne­jar la si­tua­ción por su cuen­ta con la in­ten­ción de po­der re­cu­pe­rar el control. Ade­más es po­si­ble que te­man ser vis­tos co­mo dé­bi­les o chis­mo­sos, lo que pue­de lle­var­les a su­frir ma­yo­res re­pre­sa­lias. El aco­so es­co­lar pue­de ser una ex­pe­rien­cia hu­mi­llan­te. Es po­si­ble que un me­nor aco­sa­do no quie­ra que los adul­tos se­pan lo que se di­ce de ellos, sea ver­da­de­ro o fal­so. A ve­ces te­men al jui­cio o al cas­ti­go fa­mi­liar por ser dé­bi­les. Los ni­ños víc­ti­mas de aco­so tam­bién pue­den sen­tir­se ais­la­dos so­cial­men­te. Es po­si­ble que sien­tan que sus pro­ble­mas no les im­por­tan a na­die o te­men no ser com­pren­di­dos. Los ni­ños tienen mie­do de ser re­cha­za­dos por sus pa­res. Los ami­gos pue­den ayu­dar co­mo una pro­tec­ción al­ter­na­ti­va con­tra el aco­so y es po­si­ble que los ni­ños ten­gan mie­do de per­der esa pro­tec­ción.

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