So­bre Bat­man, la­zos co­rre­gi­bles y cin­co ciu­da­des

El Deber - Extra (Bolivia) - - Sumario - Car­los Orías B.

Era una épo­ca en que las fi­gu­ras pú­bli­cas vi­vían su in­ti­mi­dad de ma­ne­ra muy ale­ja­da de la pré­di­ca en pú­bli­co. Pre­si­den­tes y ac­to­res, lo mis­mo que mu­chas ce­le­bri­da­des, vi­vían en­tre ex­ce­sos que hoy la co­rrec­ción po­lí­ti­ca la­pi­da­ría co­mo “do­ble mo­ral”. Ni los su­per­hé­roes es­ca­pa­ban de esa do­ble vi­da en­mar­ca­da por la fa­ma.

El ac­tor que en­car­nó a Bat­man en la te­le en­tre 1966 y 1968, vi­vió esa tor­men­ta en car­ne pro­pia. Adam West, fue uno de los me­jo­res ven­ga­do­res en­mas­ca­ra­dos de la his­to­ria, aun­que en ge­ne­ral no fue­ra un gran ac­tor. Tu­vo el cu­rrícu­lo in­di­ca­do en el mo­men­to pre­ci­so, pe­ro es­tam­pó su caballerosidad en un per­so­na­je que la so­cie­dad es­ta­dou­ni­den­se de los años 60 ne­ce­si­ta­ba y se que­dó en la piel del mur­cié­la­go por me­dio si­glo más has­ta su muer­te. Es­ta es su his­to­ria.

Pa­ra que los su­per­hé­roes no sean re­que­ri­dos, los pa­dres de­ben ser mo­de­los in­ta­cha­bles. A ve­ces eso no ocu­rre y se es­ta­ble­cen re­la­cio­nes tó­xi­cas con los hi­jos. Es­ta edi­ción re­co­ge consejos pa­ra sa­lir del atas­co.

Por úl­ti­mo, un via­je al co­ra­zón de los im­pe­rios eu­ro­peos de ha­ce un par de si­glos. A cin­co de sus pun­tos neu­rál­gi­cos, pa­ra ser exac­tos. Re­co­rre­mos las op­cio­nes tu­rís­ti­cas de Mos­cú, San Pe­ters­bur­go, Pra­ga, Bu­da­pest, Bra­tis­la­va y Vie­na. Em­pe­za­mos con las glo­rias de la pla­za Ro­ja pa­ra ter­mi­nar en tiem­po de vals, re­co­rrien­do el Da­nu­bio azul.

TU­VO EL CU­RRÍCU­LO IN­DI­CA­DO EN EL MO­MEN­TO PRE­CI­SO, PE­RO ES­TAM­PÓ SU CABALLEROSIDAD EN EL CA­RÁC­TER DEL VENGADOR ENMASCARADO

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