LA ESPERARANZA

ES­TE IN­GE­NIO FUE EL PRI­ME­RO EN PRO­DU­CIR AZÚ­CAR BLAN­CA EN BO­LI­VIA

El Deber - Extra (Bolivia) - - Historia -

1967. Se es­cu­chan dis­pa­ros en el des­man­te­la­do in­ge­nio La Es­pe­ran­za, a 65 ki­ló­me­tros de San­ta Cruz, cer­ca de Mon­te­ro. Los sol­da­dos co­rren de un la­do al otro, tum­bán­do­se y le­van­tán­do­se. Se agru­pan, ace­chan, ata­can. Hay 30 ins­truc­to­res es­ta­dou­ni­den­ses mos­tran­do a los sol­da­dos bo­li­via­nos có­mo usar las ar­mas re­cién lle­ga­das. Los sol­da­di­tos bo­li­via­nos en­tre­nan para en­fren­tar a su enemi­go, que es­tá a más de 320 ki­ló­me­tros, ocul­to en una zo­na lla­ma­da Ñan­cahua­zú. Van a en­fren­tar­se al Che Gue­va­ra y sus gue­rri­lle­ros.

El gi­gan­te de con­cre­to

Dio­ni­sio Bal­de­lo­mar cuenta có­mo ocu­rrió to­do es­te mo­vi­mien­to. Fue el úni­co rui­do que in­te­rrum­pió el si­len­cio de me­dio si­glo que has­ta hoy arro­pa al gi­gan­te que tie­ne en su pro­pie­dad. En las en­tra­ñas de ese gi­gan­te de hor­mi­gón ar­ma­do se pro­du­jo por pri­me­ra vez azú­car blan­ca en Bo­li­via.

Era el 7 de ju­nio de 1944. Ha­cía frío. El mu­gi­do cons­tan­te de las cal­de­ras y el clac, clac de las co­rreas trans­por­ta­do­ras re­tum­ba­ban en los 40 me­tros de la sa­la. Luis Iturralde, el ce­re­bro y mo­tor del in­ge­nio, ti­ri­ta jun­to a tres téc­ni­cos ar­gen­ti­nos y a su con­cu­ña­do Eduar­do Apon­te. A 20 me­tros de al­tu­ra aso­ma­ban las chi­me­neas y a ras del pi­so, en ca­na­les de ce­men­to, co­rrían las mie­les, que lue­go se iban bom­bean­do al tan­que de co­ci­mien­to has­ta ex­traer la sa­ca­ro­sa. Al fi­nal del pro­ce­so, el fu­tu­ro se des­gra­na, dul­ce y blan­co.

Des­de La Sor­bo­na

1936. El sue­ño de La Es­pe­ran­za es­tá em­pe­zan­do. Se es­tán des­va­ne­cien­do los do­lo­res de la Gue­rra del Cha­co y flo­ta en el país un olor a pa­trio­tis­mo. El ar­qui­tec­to Luis Iturralde Levy, que es­tá en la ma­du­rez de sus 35 años, es ya co­no­ci­do en La Paz. Ha vi­si­ta­do San­ta Cruz va­rias ve­ces y se ha enamorado. No so­lo del pai­sa­je, sino de una mu­jer. La pri­me­ra vez que lle­gó a la ciu­dad, en una avio­ne­ta, ate­rri­zó en El Trom­pi­llo, que era una pis­ta de tie­rra. La gen­te es­pe­ra­ba “ba­jo un te­cho de mo­ta­cú sobre ocho hor­co­nes, que ha­cía las ve­ces de ae­ro­puer­to”. En una de sus cons­tan­tes vi­si­tas, ya en 1939, se en­con­tró con Er­nes­to Apon­te, un agró­no­mo be­niano que veía mu­cho fu­tu­ro en la in­dus­tria­li­za­ción de la ca­ña de azú­car.

Apon­te ya ha­bía con­ver­sa­do con al­gu­nos ha­cen­da­dos co­mo Wal­do Bra­vo, due­ño de La Es­pe­ran­za, un pre­dio de más de 1.600 hec­tá­reas cer­ca de Mon­te­ro. La for­tu­na que Luis Iturralde trajo de Fran­cia era gran­de, pe­ro no era su­fi­cien­te para ini­ciar la aven­tu­ra de un in­ge­nio. Sin em­bar­go, es­ta­ba con­ven­ci­do de que po­día ha­cer­se.

Aho­ra se lle­ga en dos ho­ras has­ta La Es­pe­ran­za. En la dé­ca­da de los 40 se sa­lía en ca­mio­ne­ta, se con­ti­nua­ba en trac­tor y lue­go a ca­ba­llo, “sobre to­do en épo­ca de lluvia”, re­cuer­da Chi­cho Iturralde, hi­jo del ar­qui­tec­to pio­ne­ro. Seis ho­ras de­mo­ra­ba el via­je has­ta el pre­dio de Bra­vo. Pe­se a que ya se ha­bla­ba del Plan Bohan y de la ‘mar­cha ha­cia el orien­te’, el país es­ta­ba des­vin­cu­la­do. La ca­rre­te­ra a Co­cha­bam­ba no exis­tía, la po­lí­ti­ca nacional se­guía a tum­bos y lle­ga­ban ru­mo­res de una se­gun­da gue­rra mun-

FUE UNO DE LOS PRI­ME­ROS EDI­FI­CIOS DE CON­CRE­TO CONS­TRUI­DOS EN SAN­TA CRUZ EL 7 DE JU­NIO DE 1944 SE PRO­DU­JO POR PRI­ME­RA VEZ AZÚ­CAR BLAN­CA EN BO­LI­VIA

En ple­na pro­duc­ción. El edi­ci­cio prin­ci­pal tie­ne 72 me­tros de lar­go y 16 de al­to. La sa­la de fa­bri­ca­ción de azú­car tie­ne 40 m y 18 de al­tu­ra.

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