Ma­dre, el au­xi­lio de los cris­tia­nos

ORA­CIÓN A LA SAN­TÍ­SI­MA VIR­GEN MA­RÍA DELMOVIMIENTO SCHÖENSTATT DE

El Deber - Para ellas - - Página Dos -

Que­ri­da Ma­dre, Rei­na y Vic­to­rio­sa, tres ve­ces ad­mi­ra­ble de Schöenstatt, ven­go a ti con ili­mi­ta­da con­fian­za a im­plo­rar tu ayu­da pa­ra ob­te­ner de Dios lo que hu­mil­de­men­te te pi­do. Tu Hi­jo Di­vino te en­tre­gó a mí co­mo ma­dre. Sus pa­la­bras: “He ahí a tu ma­dre”, me las di­jo tam­bién a mí y a ti te di­jo: “He ahí a tu hi­jo” (Jn 19,26-27). Es­ta­mos unidos pa­ra siem­pre. Aquí tie­nes pues a tu hi­jo arro­di­lla­do a tus pies ¡Qué con­sue­lo es te­ner­te co­mo Ma­dre! Por eso ven­go a ti en mi an­gus­tia. Te rue­go Ma­dre, Rei­na y Vic­to­rio­sa, tres ve­ces ad­mi­ra­ble de Schöenstatt, pues nin­guno de tus hi­jos que acu­dió a ti ha que­da­do sin pro­tec­ción o ayu­da. Tú mis­ma has lle­va­do a cues­tas gran­des pe­nas. Per­ma­ne­cis­te al pie de la cruz co­mo ma­dre do­lo­ro­sa.

Aho­ra que ven­go a ti con mi do­lor, no des­pre­cia­rás mi hu­mil­de y an­gus­tio­sa sú­pli­ca, por­que tú eres la sa­lud de los en­fer­mos, el con­sue­lo de los afli­gi­dos, el au­xi­lio de los cris­tia­nos. Lo que me lle­na de es­pe­cial con­sue­lo es que te lla­man Ma­dre, Rei­na y Vic­to­rio­sa, tres ve­ces ad­mi­ra­bles de Schöenstatt, un tí­tu­lo de ho­nor que quie­re de­cir sim­ple­men­te que eres ma­ra­vi­llo­sa en to­do mo­men­to y en to­do lu­gar. In­ter­ce­de por mí an­te tu Hi­jo Di­vino pa­ra que res­pon­da a mi ple­ga­ria y yo re­pe­ti­ré tu Mag­ni­fi­cat (Lc. 1,46-55) y pre­go­na­ré la pie­dad de nues­tro Se­ñor por to­da la eter­ni­dad. Amén.

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