MARJORIE VE­GA APA­SIO­NA­DA POR LA RA­DIO Y LA MÚ­SI­CA

El Deber - Para ellas - - Portada -

Iba un hom­bre en su au­to­mó­vil por una lar­ga ca­rre­te­ra cuando de pron­to co­men­zó a de­te­ner­se. El hom­bre ba­jó, lo re­vi­só y tra­tó de ave­ri­guar qué era lo que te­nía. Pen­sa­ba que pron­to po­dría en­con­trar el des­per­fec­to, pues ha­cía mu­chos años que lo con­du­cía. Pe­ro des­pués de mu­cho ra­to se dio cuen­ta de que no po­día en­con­trar la fa­lla del mo­tor. En ese mo­men­to apa­re­ció otro au­to­mó­vil, del cual ba­jó un se­ñor a ofre­cer­le ayu­da. El due­ño del pri­mer au­to­mó­vil di­jo: “Mi­re, es­te es mi vehícu­lo de to­da la vi­da, lo co­noz­co co­mo la palma de mi mano. No creo que us­ted, sin ser el due­ño, pue­da o se­pa ha­cer al­go”. El otro hom­bre in­sis­tió con una cier­ta son­ri­sa, has­ta que fi­nal­men­te el que te­nía el vehícu­lo fre­ga­do di­jo que ha­ga el in­ten­to, pe­ro no creía que pu­die­ra re­sol­ver el pro­ble­ma. En­ton­ces el hom­bre echó ma­nos a la obra y en po­cos mi­nu­tos en­con­tró el da­ño y lo hi­zo arran­car.

El pri­mer hom­bre que­dó ató­ni­to y pre­gun­tó: “¿Có­mo pu­do us­ted arre­glar la fa­lla si es mi ca­rro?” A lo que el hom­bre con­tes­tó: “Mi nom­bre es Fé­lix Wan­kel... Yo in­ven­té el mo­tor ro­ta­ti­vo que usa su mo­vi­li­dad”. Cuán­tas ve­ces de­ci­mos: “Es­ta es mi vi­da. Es­te es mi des­tino. Es­ta es mi ca­sa. ¡Dé­jen­me a mí so­lo, yo pue­do re­sol­ver el pro­ble­ma!” Pe­ro... Te voy a ha­cer una pre­gun­ta: ¿Quién hi­zo la vi­da? ¿Quién hi­zo el tiem­po? ¿Quién creó la fa­mi­lia? So­lo aquel que es el au­to­mó­vil de la vi­da y el amor, pue­de ayu­dar­te cuando te que­dés ti­ra­do en la ca­rre­te­ra de la vi­da y ese me­cá­ni­co es Dios.

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