Cuan­do me que­jo

El Deber - Para ellas - - Página Dos -

Hoy, en un óm­ni­bus, vi una chi­ca con ca­be­llo do­ra­do y deseé ser tan ru­bia co­mo ella. Cuan­do de pron­to se le­van­tó pa­ra ir­se vi que co­jea­ba por el pa­si­llo, te­nía una so­la pier­na y usa­ba mu­le­ta, pe­ro cuan­do pa­só, son­reía. ¡Oh, Dios¡ per­dó­na­me cuan­do me que­jo, ten­go dos pier­nas, el mun­do es mío.

Me de­tu­ve pa­ra com­prar ca­ra­me­los,el mu­cha­cho que los ven­día era tan en­can­ta­dor, con­ver­sé con él, pa­re­cía tan con­ten­to, si lle­ga­ba tar­de no me preo­cu­pa­ba.

Y mien­tras me iba, di­jo: "Gra­cias, has si­do tan ama­ble, es lin­do con­ver­sar con gen­te co­mo tú, sa­bes, soy cie­go". ¡Oh, Dios¡, per­dó­na­me cuan­do me que­jo. Ten­go dos ojos, el mun­do es mío. Más tar­de, cuan­do iba ca­mi­nan­do por la ca­lle vi un chi­co de ojos azu­les, se pa­ró y mi­ra­ba a otros ju­gar, no sa­bía qué ha­cer. Me de­tu­ve un mo­men­to y lue­go di­je:

"¿Por qué no te unes a los otros, que­ri­do?" Si­guió mi­ran­do ha­cia de­lan­te sin de­cir ni una pa­la­bra.

En­ton­ces me di cuen­ta de que no po­día oír. ¡Oh, Dios¡, per­dó­na­me cuan­do me que­jo ten­go dos oí­dos, el mun­do es mío, con pies que me lle­van a-don­de quie­ro ir. Con ojos pa­ra ver el bri­llo del sol. Con oí­dos pa­ra oír lo que sé. ¡Oh, Dios¡, per­dó­na­me cuan­do me que­jo. En ver­dad he si­do ben­de­ci­do, el mun­do es mío. Es­te poe­ma es so­lo pa­ra re­cor­dar lo mu­cho que te­ne­mos que agra­de­cer. Da lo me­jor al mun­do y lo me­jor volverá a ti.

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