El men­sa­je de la bo­te­lla

El Deber - Para ellas - - Entre Amigas -

Ake, un jo­ven ma­ri­ne­ro sue­co, es­ta­ba pa­ra­do en la cu­bier­ta del bar­co ob­ser­van­do las olas. En su mano te­nía una bo­te­lla va­cía. “Ya sé lo que voy a ha­cer”, pen­só. Bus­can­do un pe­da­zo de pa­pel y una la­pi­ce­ra, es­cri­bió un cor­to men­sa­je. “Si eres una chi­ca Lin­da, por fa­vor, es­crí­be­me. Me gus­ta­ría man­te­ner co­rres­pon­den­cia con­ti­go”. Lue­go, Ake co­lo­có la no­ti­ta en la bo­te­lla y la ti­ró por la bor­da. Unos po­cos me­ses más tar­de, un pes­ca­dor de Si­ci­lia es­ta­ba en su pe­que­ño bo­te de pes­ca cuan­do vio una bo­te­lla flo­tan­do ha­cia él. La re­co­gió y en­con­tró el men­sa­je en su in­te­rior. Rién­do­se, se lle­vó la bo­te­lla a su ca­sa.

-Pao­li­na, ten­go al­go pa­ra ti —di­jo, mien­tras le bri­lla­ban los ojos. ¿Qué es, pa­pá? —pre­gun­tó. -Un men­sa­je en una bo­te­lla.

Pao­li­na se rio cuan­do le­yó la no­ta. De­ci­dió se­guir la co­rrien­te, a lo que ella con­si­de­ra­ba una bro­ma, y es­cri­bió una car­ta al jo­ven ma­ri­ne­ro. Él le con­tes­tó y pron­to las car­tas iban y ve­nían. Lue­go de nu­me­ro­sas car­tas, Ake hi­zo los arre­glos pa­ra ir a vi­si­tar a Pao­li­na y a su fa­mi­lia. En­ton­ces, en el oto­ño de 1958, dos años des­pués de ha­ber arro­ja­do la bo­te­lla al mar, Ake y Pao­li­na se ca­sa­ron en Si­ci­lia. Pao­li­na vi­vió fe­liz y siem­pre re­cuer­da con­ten­ta de no ha­ber ig­no­ra­do el men­sa­je en la bo­te­lla. Fue el des­tino y su amor que los unió to­da la vida.

S.O.S. Fe­mi­ní­si­ma Gra­tis

Ami­ga, ¿sa­bés que no po­dés per­mi­tir que tu pa­re­ja te gri­te o te mal­tra­te?, de­nun­ciá la vio­len­cia. Lla­má a Sil­via Suá­rez, ella te di­rá qué de­bés ha­cer. A par­tir de las 18:00, al 773-42782. Es un ser­vi­cio gra­tui­to. Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos ¡No es­pe­rés que sea tar­de! Bus­cá ayu­da (sin cos­to) pa­ra ami­gos al­cohó­li­cos en la parroquia La San­ta Cruz, de ho­ras 19:00 a 21:00. Lla­má al 330-0405.

Apo­yo al due­lo

La vida pa­re­ce no te­ner sen­ti­do cuan­do ocu­rre el de­ce­so de un ser que­ri­do. ¿Qué ha­cer? Te in­for­ma­mos que se for­mó en San­ta Cruz un gru­po de apo­yo al due­lo. Lla­má al 364-2140.

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