El aco­so po­lí­ti­co a las mu­je­res se con­vier­te en vio­len­cia y de­li­to

El Deber - Séptimo Día - - La Semana... - JA­VIER MÉN­DEZ VE­DIA ja­vier.men­dez@el­de­ber.com.bo

An­tes de su mis­te­rio­sa muer­te, Do­min­ga Fer­nán­dez, la al­cal­de­sa de Cua­tro Ca­ña­das, fue va­rias ve­ces a la Casa de la Mu­jer. Ahí la ayu­da­ron a en­ca­mi­nar un pro­ce­so por aco­so po­lí­ti­co y más de una vez, pe­se a que en pú­bli­co su for­tal eza era evi­den­te, en­con­tró con­sue­lo en sus lá­gri­mas. “Hay obras. Au­dí­ten­me. Yo soy una víc­ti­ma. Han que­ma­do mi casa. Me han ame­na­za­do de muer­te. Mis hi­jos su­fren un trau­ma si­co­ló­gi­co”, re­pe­tía an­te los me­dios de co­mu­ni­ca­ción.

Do­min­ga su­frió aco­so po­lí­ti­co. El su­yo es uno de los 572 ca­sos de to­do el país que re­gis­tró la Aso­cia­ción de Con­ce­ja­las de Bolivia en 10 años de tra­ba­jo. En Cua­tro Ca­ña­das le re­pe­tían a la al­cal­de­sa que va­ya a cui­dar a sus hi­jos, que co­ci­ne pa­ra su ma­ri­do. Al ma­ri­do le di­je­ron que ella te­nía aman­tes.

Los po­bla­do­res, azu­za­dos por un par de per­so­nas que la mis­ma al­cal­de­sa se en­car­gó de iden­ti­fi­car, que­ma­ron su casa. Ja­más pu­do vol­ver a en­trar a Cua­tro Ca­ña­das. Tu­vo que re­fu­giar­se en la co­mu­ni­dad 26 de Agos­to. Un día en­con­tra­ron su cuer­po y a na­die se con­ven­ció

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