Ca­pi­ta­lis­mo de se­gun­da

El Deber - Séptimo Día - - La Semana... -

He leí­do a mu­chos au­to­res que ex­pli­can que la eco­no­mía mun­dial fun­cio­na en bue­na me­di­da a par­tir del in­ter­net, que la com­pra-ven­ta de pro­duc­tos por ese ca­nal es im­pre­sio­nan­te, fá­cil, ágil y se­gu­ro. De he­cho, ten­go la gra­ta ex­pe­rien­cia de ha­ber usa­do ese me­dio cuan­do vi­ví en Nue­va York: ad­qui­rí des­de za­pa­tos has­ta compu­tado­ras y to­do llegaba a la puer­ta de mi ca­sa. Así que de­ci­do com­prar un te­cla­do mu­si­cal pa­ra mi hi­ja, pa­gar con tar­je­ta de cré­di­to y re­ci­bir­lo unos días más tar­de. Fi­nal­men­te, ra­di­co en Mé­xi­co, país que se jac­ta de te­ner un mer­ca­do mo­derno y al hom­bre más rico del mun­do en­tre sus ciu­da­da­nos.

Me re­cues­to en mi ca­ma y des­de mi iPad em­pie­zo la ope­ra­ción co­mo lo hi­ce tan­tas ve­ces en otras oca­sio­nes. Bus­co el ins­tru­men­to en va­rias pá­gi­nas web, en­cuen­tro una ofer­ta en una de las tien­das más re­co­no­ci­das, un se­llo mun- dial que se pre­sen­ta di­cien­do ser la em­pre­sa que ofre­ce el me­jor pre­cio. Pro­ce­do, doy mi dirección, los da­tos de mi tar­je­ta, co­rreo elec­tró­ni­co, etc., y aprie­to el bo­tón cla­ve: com­prar. Mi­nu­tos des­pués re­ci­bo la no­ti­fi­ca­ción de que el pe­di­do va en cur­so.

Has­ta aquí to­do va bien, pe­ro ol­vi­dé que es­ta­mos en Mé­xi­co… Al día si­guien­te me ha­blan del ban­co a mi ce­lu­lar, me di­cen que si soy yo el que hi­ce la com­pra y por ra­zo­nes de se­gu­ri­dad me pi­den una se­rie de da­tos. Es­toy ma­ne­jan­do, así que les di­go que de­vol­ve­ré la lla­ma­da en una ho­ra, cuan­do es­té en un lu­gar más ade­cua­do. Lo ha­go, res­pon­do to­das las pre­gun­tas pa­ra que ten­gan la cer­te­za de que quie­ro el te­cla­do pa­ra mi hi­ja.

Pa­san dos días y no ten­go no­ti- cias, ni de la tien­da ni del ban­co. Me con­tac­to con el co­mer­cio y me in­for­man que mi pe­di­do se can­ce­ló por pro­ble­mas de con el ban­co, les ha­blo y me ase­gu­ran que ya li­be­ra­ron el pe­di­do. Vuel­vo a la tien­da y me con­fir­man que, por más que la tar­je­ta es­té apro­ba­da, el sis­te­ma -el fa­mo­so, os­cu­ro, ca­pri­cho­so y tem­pe­ra­men­tal sis­te­ma- la re­cha­zó y que ten­go que vol­ver a ha­cer el pe­di­do (cla­ro, si no lla­ma­ba, no me hu­bie­ra en­te­ra­do de na­da).

Re­pi­to la ope­ra­ción. Me re­cues­to en mi ca­ma con mi iPad, bus-

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