Al­ge­ci­ras, una his­to­ria de vi­da tras las muer­tes que sem­bra­ron las FARC

Las úl­ti­mas víc­ti­mas del conflicto ar­ma­do fue­ron dos ni­ños del mu­ni­ci­pio cuan­do les es­ta­lló un ar­te­fac­to al ir a re­co­ger una pe­lo­ta de fút­bol, el mis­mo día en que el Go­bierno y la gue­rri­lla fir­ma­ron la paz en Car­ta­ge­na. Tras 52 años de conflicto se au­gu­ra

El Deber - Séptimo Día - - Colombia En Proceso De Paz - CLAU­DIA POLANCO/EFE

Las úl­ti­mas víc­ti­mas del conflicto ar­ma­do en el mu­ni­ci­pio co­lom­biano de Al­ge­ci­ras fue­ron dos ni­ños que al bus­car un ba­lón de fút­bol en un pla­ta­nal hi­cie­ron es­ta­llar un ar­te­fac­to ex­plo­si­vo ins­ta­la­do por las FARC.

Uno de los me­no­res mu­rió y el otro que­dó gra­ve­men­te he­ri­do en el he­cho que, iró­ni­ca­men­te, ocu­rrió el 26 de sep­tiem­bre de 2016, día en el que el Go­bierno y la gue­rri­lla fir­ma­ron la paz en Car­ta­ge­na de In­dias.

Y es que esa lo­ca­li­dad del de­par­ta­men­to del Hui­la, ubi­ca­do en el sur del país, es una de las que más sin­tió el cruen­to ac­cio­nar de la in­sur­gen­cia a lo lar­go de los 52 años de conflicto ar­ma­do que pro­ta­go­ni­zó.

La ra­zón es que fue allí en don­de la te­mi­ble Co­lum­na Mó­vil Teó­fi­lo Fo­re­ro de las FARC reali­zó o pla­neó al­gu­nos de sus más san­gui­na­rios gol­pes.

Es así co­mo en la me­mo­ria de los co­lom­bia­nos aún per­sis­te el re­cuer­do de la to­ma del edi­fi­cio Mi­ra­flo­res en Nei­va, la ca­pi­tal del Hui­la, en don­de ese gru­po se­cues­tró el 26 de ju­lio de 2001 a 15 per­so­nas.

Tam­bién de­jó ató­ni­tos a quie­nes lo vie­ron por te­le­vi­sión, el se­cues­tro, por par­te de un gue­rri­lle­ro de un avión de la ae­ro­lí­nea Ai­res que ate­rri­zó el 15 de sep­tiem­bre de 2000 en ple­na ca­rre­te­ra de San Vi­cen­te del Ca­guán, mu­ni­ci­pio del de­par­ta­men­to de Ca­que­tá, se­de de los fa­lli­dos diá­lo­gos de paz en­tre el ex­pre­si­den­te An­drés Pas­tra­na y las FARC.

"En lo per­so­nal me mar­ca­ron tres si­tua­cio­nes: La to­ma gue­rri­lle­ra de Al­ge­ci­ras, cuan­do yo ape­nas te­nía 12 años y que me ate­rró por­que los que la di­ri­gían eran jo­ven­ci­tos; el ase­si­na­to de sie­te ni­ños que co­la­bo­ra­ban en ac­ti­vi­da­des so­cia­les con la Po­li­cía, y la in­cur­sión que aca­bó con to­da una man­za­na del pue­blo", di­jo el al­cal­de, Ja­vier Ri­ve­ra.

Afec­ta­dos por el conflicto

En el po­bla­do, un censo in­di­ca que 3.400 de los 30.000 ha­bi­tan­tes son víc­ti­mas del conflicto ar­ma­do. Sin em­bar­go, pa­ra Ri­ve­ra to­dos, in­clui­do él, pue­den con­si­de­rar­se afec­ta­dos di­rec­tos.

"A mis 47 años pue­do de­cir sin te­mor a equi­vo­car­me que he vi­vi­do siem­pre en me­dio de la gue­rra. Mi abue­lo fue ase­si­na­do en el co­mien­zo de la con­fron­ta­ción, mi pa­dre fue des­pla­za­do y han si­do mu­chos los ami­gos y co­no­ci­dos ase­si­na­dos", re­la­tó.

De lo an­te­rior se des­pren­de el he­cho de que pa­ra los al­ge­ci­re­ños la paz sea la úni­ca ma­ne­ra de re­sol­ver el pro­ble­ma.

Aho­ra, cuan­do los gue­rri­lle­ros de­ja­ron de pa­tru­llar el pue­blo e "im­po­ner sus le­yes" por­que se des­mo­vi­li­za­ron, y los fu­si­les por fin de ca­lla­ron, Al­ge­ci­ras se con­si­de­ra un ga­na­dor.

Se­gún Ri­ve­ra, hoy es po­si­ble que el sol­da­do, el po­li­cía, el ni­ño, el an­ciano, el cam­pe­sino, se sien­tan tran­qui­los por­que la Teó­fi­lo Fo­re­ro de­jó de exis­tir.

La otro­ra le­ja­na paz le re­ga­ló a la lo­ca­li­dad la po­si­bi­li­dad de so­ñar con un fu­tu­ro pro­mi­so­rio, en don­de las tie­rras pue­dan de nue­vo sem­brar­se por­que ya no son la gua­ri­da de los in­sur­gen­tes.

Aun­que la mar­ca de la vio­len­cia pue­de re­sul­tar in­de­le­ble, los al­ge­ci­re­ños han de­ci­di­do apos­tar­le al pro­gre­so con los pro­yec­tos que trae­rá el pos­con­flic­to.

Uno de ellos es el Pro­gra­ma de

El pre­si­den­te co­lom­biano, Juan Ma­nuel San­tos, y el je­fe de las gue­rri­llas de la FARC, Ti­mo­león Ji­mé­nez

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