LEC­CIÓN DE VI­DA

Drama. El ex­pre­sen­ta­dor de Reel cuen­ta so­bre las tri­bu­la­cio­nes que le to­có vi­vir en la cár­cel y la lec­ción que le de­ja la amar­ga ex­pe­rien­cia. Ac­car­di vuel­ve a la TV, afir­ma que ha perdonado a los que lo da­ña­ron y mi­ra ha­cia de­lan­te.

El Deber - Sociales (Bolivia) - - Portada - ALE­JAN­DRA ARNEZ

MEL DE­BER

ien­tras al­gu­nos pien­san que no se pue­de em­pe­zar de ce­ro, el ar­gen­tino Pie­tro Ac­car­di (30) de­mues­tra que sí es po­si­ble. Ha­ce tres años, el ex­pre­sen­ta­dor de Reel( PAT) vi­vió un in­fierno, pues es­tu­vo en la cár­cel de Co­bi­ja por una de­man­da de es­ta­fa agra­va­da. Ha­ce un mes lle­gó a San­ta Cruz, don­de ya tie­ne tra­ba­jo co­mo asis­ten­te del pro­duc­tor ge­ne­ral de Fa­ce­tas TV. Des­de que sa­lió del en­cie­rro en­con­tró a una pa­ce­ña que lo tie­ne enamo­ra­do has­ta la co­ro­ni­lla.

¿ Qué te hi­zo re­tor­nar a San­ta Cruz?

Es­toy acá ha­ce un mes. Me vi­ne de Co­bi­ja por­que no aguan­té más allá, por la cri­sis eco­nó­mi­ca que afec­ta a to­do el mun­do. Los co­bi­je­ños son be­llas per­so­nas, pe­ro es un lu­gar en el que cues­ta con­se­guir tra­ba­jo o arran­car un pro­yec­to y man­te­ner­lo. En no­viem­bre del año pa­sa­do co­men­cé allá con un ami­go un ser­vi­cio de ca­te­ri­ng. Al prin­ci­pio nos fue muy bien, pe­ro en abril el ne­go­cio de­ca­yó y lo ce­rra­mos por­que las ga­nan­cias no eran las mis­mas.

¿ Có­mo fuis­te re­ci­bi­do en San­ta Cruz?

Muy bien, gra­cias a Dios ten­go ami­gos que me apo­ya­ron en to­do mo­men­to, co­mo Álvaro Re­ta­mo­zo, la ma­dre de mi hi­jo (Kat­he­ri­ne Wag­ner Gu­tié­rrez), mi pe­que­ño San­tino y su fa­mi­lia. Ellos son mi mo­tor pa­ra se­guir ade­lan­te.

¿Có­mo es­tá tu si­tua­ción le­gal lue­go de la de­nun­cia por es­ta­fa agra­va­da con­tra la em­pre­sa de tu pa­dre?

Por el mo­men­to es­toy con arrai­go na­cio­nal y ten­go que fir­mar en Co­bi­ja ca­da 15 días pa­ra dar fe de que no me he es­ca­pa­do del país. Pa­ra es­ta me­di­da sus­ti­tu­ti­va tu­ve que de­mos­trar que ten­go tra­ba­jo y do­mi­ci­lio.

¿Qué ex­pe­rien­cia te de­jó la cár­cel?

Me de­jó una ma­du­rez in­creí­ble. Vi la vi­da de un mo­do di­fe­ren­te. Apren­dí a va­lo­rar el día a día, el ca­ri­ño de las per­so­nas que creen en mí, mi vi­da, mi fa­mi­lia y los po­cos ami­gos que ten­go, por­que con to­do lo que me pa­só me di cuen­ta de que no es­ta­ba lleno de ami­gos co­mo creía. Por ejem­plo, los pri­me­ros seis me­ses en la cár­cel fue­ron de­vas­ta­do­res, ba­jé 10 ki­los por­que no que­ría co­mer, no dor­mía, en mi ca­be­za no acep­ta­ba ese en­cie­rro. En esos du­ros mo­men­tos tu­ve el apo­yo in­con­di­cio­nal de Álvaro, mi fa­mi­lia, la ma­dre de mi hi­jo y Jo­se­lin, una chi­ca con la que es­tu­ve enamo­ran­do. Ella me hi­zo acer­car­me mu­cho a Dios. Ella me ayu­dó lle­ván­do­me co­mi­da a la cár­cel y a mo­vi­li­zar mis pa­pe­les pa­ra las au­dien­cias.

Lle­gas­te a ven­der agua en la cár­cel...

Sí, cuan­do cam­bié mi for­ma de ver la si­tua­ción en la que me en­con­tra­ba, me di­je que te­nía to­do pa­ra sa­lir ade­lan­te y em­pe­cé a ven­der agua.

Me que­dé sin un pe­so por pa­gar a los abo­ga­dos y tu­ve que bus­car la for­ma de so­bre­vi­vir. El pre­dia­rio men­sual en la cár­cel es de Bs 240, que es una gran ayu­da, pe­ro no abas­te­ce pa­ra ali­men­tar­te to­do el mes.

¿Cuál fue tu día más tris­te y re­fle­xi­vo en tu en­cie­rro?

Fue cuan­do tu­ve que asu­mir la cul­pa por al­go que no hi­ce, por­que si no lo ha­cía, no me de­ja­ban en li­ber­tad.

Ya te­nés tra­ba­jo co­mo asis­ten­te del pro­duc­tor ge­ne­ral de Fa­ce­tas TV.

Al día si­guien­te de mi lle­ga­da, Álvaro me lle­vó a vi­si­tar a Sil­via Breer, una ami­ga que siem­pre tra­ba­jó con no­so­tros en la te­le, que aho­ra tra­ba­ja en Fa­ce­tas TV. En el ca­nal me to­pé con Da­niel Ovan­do ( ge­ren­te de es­te ca­nal) y me pro­pu­so tra­ba­jar con ellos co­mo asis­ten­te del pro­duc­tor ge­ne­ral ( Juan Pablo Vidal), por­que co­no­cía mi tra­ba­jo. A los días fir­mé con­tra­to.

Ha­ce nue­ve días sa­lió al ai­re una pro­duc­ción tu­ya pa­ra el pro­gra­ma To­do So­bre Rue­das Sí, an­tes se di­fun­día en Ac­ti­va y aho­ra se ve­rá por Fa­ce­tas TV. Es­te pro­yec­to na­ció ha­ce cua­tro años y lo con­du­cía Álvaro Re­ta­mo­zo, quien lo se­gui­rá ha­cien­do. Es la úni­ca re­vis­ta te­le­vi­si­va so­bre au­to­mo­tri­ces que hay en Bo­li­via. ¿Cuán­do apa­re­ce­rás en la pan­ta­lla chi­ca? He te­ni­do va­rias ofer­tas pa­ra vol­ver a la TV, pe­ro to­da­vía no quie­ro por­que no me sien­to pre­pa­ra­do pa­ra re­apa­re­cer. Sien­to que el te­ma de la de­nun­cia es­tá la­ten­te y me da mie­do que la gen­te me juz­gue y me tra­te mal, sin co­no­cer có­mo fue­ron las co­sas. Es­toy se­gu­ro de que ha­brá per­so­nas que me re­ci­bi­rán bien. “La cár­cel me de­jó una ma­du­rez in­creí­ble; me di cuen­ta de que mis ami­gos son con­ta­dos con los de­dos de una mano” “To­da­vía no me sien­to pre­pa­ra­do pa­ra re­apa­re­cer en la pan­ta­lla, por aho­ra es­toy en pro­duc­ción” ¿ Y có­mo te tra­ta­ban an­tes? Siem­pre me veían co­mo el chi­co lin­do y jovial de Reel. ¿Qué es Dios en tu vi­da? ¡Es to­do! Siem­pre fui cre­yen­te, pe­ro an­tes no le ha­bía da­do el lu­gar que se me­re­cía. Él fue el que hi­zo que es­té en li­ber­tad, por­que mi pro­ce­so tu­vo mu­chas com­pli­ca­cio­nes. Mi vi­da cam­bió y los seis me­ses de an­gus­tia se trans­for­ma­ron en una vi­da nue­va.

Des­pués de to­do es­te pro­ble­ma le­gal, ¿ có­mo es­tá tu re­la­ción con tu pa­dre? Es ca­si inexis­ten­te por to­do el pro­ble­ma. Pe­ro yo lo he perdonado por­que no soy quién pa­ra juz­gar­lo; ade­más yo soy pa­dre. Él se co­mu­ni­có con­mi­go cuan­do sa­lí y me pi­dió per­dón, pe­ro an­tes lo ha­bía he­cho a tra­vés de una car­ta. ¿Có­mo es­tá tu co­ra­zón? Bien, aho­ra es­toy en pa­re­ja des­de fe­bre­ro con una pa­ce­ña que me apo­ya mu­chí­si­mo. La co­no­cí en Co­bi­ja cuan­do sa­lí de la cár­cel. ¿Có­mo fue tu re­en­cuen­tro con tu hi­jo? Fue ma­ra­vi­llo­so, gra­cias a Dios aho­ra lo ten­go cer­ca y nos ve­mos se­gui­do. Pa­so mo­men­tos be­llos a su la­do, quie­ro re­cu­pe­rar el tiem­po per­di­do.

FO­TO: SER­GIO LEO CHU­QUI­MIA

MÁS FE­LIZ QUE NUN­CA. San­tino y Pie­tro en una de sus en­tre­te­ni­das ci­tas que ya han te­ni­do lue­go de es­tar dis­tan­cia­dos tres años

MÁS ‘RELLENITO’. Pie­tro Ac­car­di en el es­tu­dio de Reel

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