Car­la, por siem­pre TOP

Contra la pa­red. Ha­ce años, sus más se­xis se­sio­nes fo­to­grá­fi­cas ilus­tra­ban pu­bli­ci­da­des de mar­cas co­mer­cia­les. Hoy, Car­la Mo­rón se mues­tra nue­va­men­te en to­do su es­plen­dor pa­ra acom­pa­ñar la ba­ta­lla que ya ga­nó al cán­cer de mama.

El Deber - Sociales (Bolivia) - - PORTADA - Silvana Vin­cen­ti EL DE­BER

A los 42 años quie­re co­rrer sus pri­me­ros 42 ki­ló­me­tros en la ma­ra­tón de Río de Ja­nei­ro de ju­nio del pró­xi­mo año. Ya ha su­pe­ra­do los 21 km. y en enero de 2018 em­pe­za­rá a pre­pa­rar­se.

Car­la Pa­tri­cia Mo­rón Pe­ña, quien pa­só de di­va a gue­rre­ra por la vi­da al ven­cer el cán­cer de mama ha­ce sie­te años, dis­fru­ta su ac­tual es­ti­lo de vi­da sa­lu­da­ble y es par­te de la cam­pa­ña contra es­ta en­fer­me­dad por el mes de oc­tu­bre. La di­va ilus­tra los re­tra­tos de Ve­ró­ni­ca Virreira, una de las par­ti­ci­pan­tes de la ex­po­si­ción que se lle­va­rá a ca­bo en el Ventura Mall.

Abo­ca­da por com­ple­to al ho­gar que for­mó con Pe­dro Gan­tier y sus re­to­ños Bru­na (8) y Lorenzo (2), so­lo acep­tó la ar­tís­ti­ca y se­xi se­sión al tra­tar­se de una buena cau­sa, a pe­sar de es­tar un po­co ale­ja­da de la lu­cha, de­bi­do a fuer­tes ra­zo­nes per­so­na­les. Es­tás menos me­ti­da en las cam­pa­ñas que en otros años... En es­tos sie­te años he tra­ta­do de es­tar de al­gu­na ma­ne­ra ayu­dan­do a las mujeres, des­de ca­sa. No ten­go una or­ga­ni­za­ción o un gru­po de apo­yo y lo he­mos char­la­do mu­cho con ami­gas que pa­sa­mos por es­to, pe­ro cuan­do es­toy muy in­vo­lu­cra­da me afec­ta y me re­cuer­da to­do. Me re­co­no­cen como una mu­jer que pa­só por el cán­cer de mama, por la ba­ta­lla, como una gue­rre­ra, pe­ro aun así a ve­ces me pa­re­ce una pan­ta­lla por­que hay mujeres que no ga­nan la ba­ta­lla y eso me las­ti­ma. He per­di­do a tres her­ma­nas de lu­cha con las que es­tu­vi­mos jun­tas, ellas vi­nie­ron a mí por­que co­no­cían mi his­to­ria. To­das ilu­sio­na­das, y no lo lo­gra­ron. La en­fer­me­dad fue más fuer­te y aun­que otras diez sí sa­lie­ron, eso me afec­ta. Di un pa­so al cos­ta­do, pe­ro no me cie­rro, como aho­ra, que me gus­tó que me lla­me Ve­ró­ni­ca Virreira pa­ra su retrato. ¿Es menos in­va­si­va pa­ra tu co­ra­zón esa de­ci­sión? Sí, ha­cien­do lo que me gus­ta, sa­cán­do­me fo­tos, aun­que no es el mis­mo cuer­po. Es lin­do fu­sio­nar mo­de­la­je, ar­te y solidaridad. A ni­vel fí­si­co, ¿su­pe­ras­te el te­ma del cán­cer? Hay ca­sos y ca­sos. En me­di­ci­na y en si­co­lo­gía te di­cen uno por uno y mi ca­so pue­de ser muy pa­re­ci­do a otro, pe­ro nun­ca ha­brá dos igua­les por­que no hay dos or­ga­nis­mos idén­ti­cos. Me ha­go con­tro­les y me di­cen que mis exámenes es­tán bien, pe­ro ne­ce­si­to es­tar por lo menos una vez al año con che­queo de ri­gor. Cuan­do sien­to una bo­li­ta me quie­ro mo­rir, cuan­do me sen­tía bo­li­tas me que­ría des­mo­ro­nar y gra­cias a Dios no eran pa­ra preo­cu­par­se. ¿Tu hi­ja tie­ne pre­dis­po­si­ción? Sí, cuan­do ha­cés tu vi­si­ta con el on­có­lo­go lo pri­me­ro que te pre­gun­ta es si tu­vis­te fa­mi­lia con cán­cer de mama y el gra­do de pa­ren­tes­co. Tu­ve una tía y una pri­ma her­ma­na, en­ton­ces hay la ten­den­cia, mi hi­ja es can­di­da­ta, pe­ro ya tie­ne a su ma­má que to­do el tiem­po le di­ce có­mo tie­ne que to­car­se y qué es lo que hi­ce yo, pa­ra que ella no ten­ga temor por­que lo gra­ve del cán­cer es el mie­do que ge­ne­ra, por­que ese temor ba­ja tus de­fen­sas, te po­ne ne­ga­ti­va. Ella tie­ne que ver el cán­cer de mama como al­go que po­si­ble­men­te le to­que vivir y com­ba­tir. En­ton­ces la mi­ro y di­go, qui­zás ella sea.

¿Tie­ne que ver al­go el uso de si­li­co­nas? No tie­ne na­da que ver, es más, me de­tec­ta­ron el tu­mor cuan­do me hi­cie­ron el cam­bio de pró­te­sis. De to­do lo que sé y he leí­do nun­ca es­cu­ché de un ca­so de­bi­do a las pró­te­sis, si te vino cán­cer de mama con ellas, es coin­ci­den­cia, igual ibas a te­ner­lo.

¿Qué se­cue­las de­jó to­do eso? De­bi­li­ta el cuer­po mu­chí­si­mo. Di­cen que has­ta aho­ra si­go un po­co frá­gil por la ra­dia­ción. An­tes del cán­cer yo no me en­fer­ma­ba de na­da, pe­ro me doy cuen­ta de que si quie­ro co­rrer 21 ki­ló­me­tros y no es­toy bien ali­men­ta­da, si lle­vo mi cuer­po al ex­tre­mo, cai­go; si lle­vo mi estado emo­cio­nal al ex­tre­mo de un sus­to o una pe­na muy grande, me ti­ra en ca­ma tres días; an­tes no. Si quie­ro co­rrer 42 ki­ló­me­tros, aun­que ju­ré que no lo ha­ría por­que me iba a ma­tar, ten­go que pre­pa­rar­me y ali­men­tar­me muy bien por­que co­rrer 42 km des­ha­ce tu cuer­po.

¿Qué tan in­va­si­vo fue tu tra­ta­mien­to? No me lle­ga­ron a sa­car na­da, in­clu­so las pró­te­sis las man­tu­vie­ron a pe­sar de que yo les di­je “sa­quen to­do” y ellos di­je­ron que no era ne­ce­sa­rio. An­tes sa­ca­ban to­do, era lo fá­cil, aho­ra no, ex­cep­to si ya es un cán­cer muy avan­za­do.

¿Te asus­tó no ser la mis­ma Car­la a ni­vel es­té­ti­co? En esos mo­men­tos no, nun­ca pa­só por mi ca­be­za asus­tar­me si me que­da­ba sin na­da, lo úni­co que yo que­ría era no mo­rir. Es­tar sin uno o los dos se­nos es na­da si te di­cen “vas a vivir”; si te man­dan “hay que sa­car­te los dos”, no im­por­ta, afue­ra.

Te em­ba­ra­zas­te de Lorenzo, se su­po­ne que no po­días... Pre­gun­ta­le a Dio­si­to, me em­ba­ra­cé de Lorenzo sin pe­rio­do. El tra­ta­mien­to lo cor­ta por­que controlan hor­mo­nal­men­te tu cuer­po.

¿Te ha­cías che­queos? Sí, y aún así me en­fer­mé. Me ha­cía una vez al año.

Es­tás con otro chip, ¿tu fa­mi­lia an­tes que to­do? Cuan­do nos ca­sa­mos, lo ha­ce­mos con la idea de per­ma­ne­cer has­ta vie­ji­tos. Uno en­tra con el sue­ño, la ilu­sión, el enamo­ra­mien­to, to­do es be­llo... y son bu­rre­ras. Amo a mi es­po­so y veo que amar va más allá de to­do eso; hay que sa­ber que ha­brá pe­leas, tsu­na­mis, que ha­brá de to­do den­tro del matrimonio. Si vos en­trás con esa idea no quie­re de­cir que sos pe­si­mis­ta. Somos una pa­re­ja es­ta­ble por­que tra­ba­ja­mos en eso, si das rien­da suel­ta a tu vi­da so­cial, de­bi­li­tás tu matrimonio;

Son bu­rre­ras lo del enamo­ra­mien­to, amar va más allá de to­do eso. Tam­bién hay tor­men­tas

RETRATO: VE­RÓ­NI­CA VIRREIRA

Su retrato se­rá par­te de la ex­po­si­ción pro Mi Re­fu­gio, que se lle­va­rá a ca­bo es­te mes en el Ventura Mall

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