Edu­ca­ción, sa­lud y em­pleos dig­nos

El Deber - - Escenas & Cultura - Gary An­to­nio Ro­drí­guez BUS­CAN­DO LA VER­DAD ECO­NO­MIS­TA, MA­GÍS­TER EN CO­MER­CIO EX­TE­RIOR

¿Al­guien en su sano jui­cio qui­sie­ra que Bo­li­via vuel­va a la po­bre­za del pa­sa­do? Na­die con se­gu­ri­dad- y no solo por­que cuan­do ha­bla­mos de pobres nos re­fe­ri­mos a se­res hu­ma­nos que sufren por es­tar en tal con­di­ción, sino también por­que la po­bre­za pro­du­ce ines­ta­bi­li­dad, por lo cual, ¡mu­cho menos qui­sie­ran tal si­tua­ción quie­nes arries­gán­do­lo to­do in­vier­ten su ca­pi­tal pa­ra pro­du­cir bie­nes y ser­vi­cios con la es­pe­ran­za de que lle­guen a to­dos los bo­li­via­nos del país!

En efec­to, una de las mayores preo­cu­pa­cio­nes del em­pre­sa­ria­do bo­li­viano es que no se re­tro­ce­da en los avan­ces que en ma­te­ria so­cial se han da­do des­de ini­cios del pre­sen­te si­glo, lle­gan­do a ba­jar en los úl­ti­mos 12 años los ni­ve­les de po­bre­za mo­de­ra­da del 60 al 36% y la po­bre­za ex­tre­ma del 37 al 17%, aunque ha­ya aún ca­si 6 mi­llo­nes de pobres, ca­si 2 mi­llo­nes de ellos en po­bre­za crí­ti­ca.

Pe­se a ello, Bo­li­via ha des­ta­ca­do en­tre los paí­ses la­ti­noa­me­ri­ca­nos que también avan­za­ron en su lu­cha con­tra la po­bre­za gra­cias al au­ge de pre­cios al­tos pa­ra las ma­te­rias pri­mas de ex­por­ta­ción vi­vi­do en­tre el 2004 y 2014; pero exis­te el ries­go de que muchos re­tro­ce­dan una vez con­clui­da la bo­nan­za, ries­go que es­tá la­ten­te -y Bo­li­via no es la ex­cep­ción­co­mo ad­vier­ten or­ga­nis­mos in­ter­na­cio­na­les, des­de ha­ce años. Fren­te a ello, re­fle­xio­ne­mos…

Hay tres mo­men­tos en nuestra vi­da: el pa­sa­do, el pre­sen­te y el por­ve­nir. El pa­sa­do ya pasó y no se lo pue­de cam­biar -bueno o ma­loNo es solo un da­to, un re­cuer­do que nada lo cam­bia­rá. En cuan­to al fu­tu­ro, aunque es in­cier­to, mu­cho de lo que de­ci­da­mos hoy in­flui­rá en lo por­ve­nir. En­ton­ces, es hoy cuan­do debemos ha­cer bien las cosas, pa­ra que ma­ña­na en Bo­li­via ha­ya menos pobres, menos ham­bre, menos en­fer­me­dad, menos de­lin­cuen­cia y menos muer­te…

Pre­gun­te en su en­torno, cuál es su ma­yor mo­ti­vo de preo­cu­pa­ción hoy, ca­si con se­gu­ri­dad le res­pon­de­rán que es la in­cer­ti­dum­bre de lo que pa­sa­rá con la eco­no­mía a fu­tu­ro, y no ne­ce­sa­ria­men­te pen­san­do en sí mis­mo, sino en el fu­tu­ro de sus hijos.

Que el país me­jo­ró bastante en ma­te­ria de re­duc­ción de la po­bre­za, en in­clu­sión y jus­ti­cia so­cial, es cier­to, pero pe­se a ello hay aún muchas ca­ren­cias por re­sol­ver en edu­ca­ción, sa­lud y opor­tu­ni­da­des pa­ra crear em­pleos dig­nos y sos­te­ni­bles, y a esto pre­ci­sa­men­te es a lo que los agen­tes eco­nó­mi­cos del país -em­pre­sa­rios y em­pren­de­do­res- quie­ren con­tri­buir con su vi­sión, te­són y tra­ba­jo: a que Bo­li­via crez­ca por en­ci­ma del 7% pa­ra que más bo­li­via­nos vi­van dig­na­men­te y no se re­tro­ce­da en to­do lo avan­za­do... sor­pren­dió que la ma­yo­ría de los miem­bros de la OEA, es­pe­cial­men­te los del Grupo de Li­ma, ha­yan pro­mo­vi­do que se des­co­noz­ca la re­elec­ción de Ni­co­lás Ma­du­ro y se con­de­ne al ré­gi­men cha­vis­ta co­rrup­to que vio­la los de­re­chos hu­ma­nos, vul­ne­ra la ins­ti­tu­cio­na­li­dad re­pu­bli­ca­na y es cau­san­te de la más agu­da cri­sis eco­nó­mi­ca en la his­to­ria ve­ne­zo­la­na. Se plan­teó, asi­mis­mo, la aper­tu­ra del pro­ce­so de sus­pen­sión de la mem­bre­sía de Venezuela, de acuer­do con la Car­ta De­mo­crá­ti­ca In­te­ra­me­ri­ca­na.

Los de­ba­tes en la Asam­blea so­bre el pro­yec­to de re­so­lu­ción con­de­na­to­ria con­tra el ré­gi­men ve­ne­zo­lano fue­ron ás­pe­ros. La de­fen­sa ve­ne­zo­la­na, a car­go de su agre­si­vo can­ci­ller, an­te la im­po­si­bi­li­dad de jus­ti­fi­car las tro­pe­lías del cha­vis­mo, ape­ló al agra­vio. Pero en la dis­cu­sión solo fue apo­ya­do por un par de paí­ses, en­tre estos Bo­li­via, de los 35 que in­te­gran el or­ga­nis­mo.

Sin em­bar­go, por ahí se afir­ma que los que pro­mo­vie­ron la cen­su­ra con­tra Venezuela y su sus­pen­sión del or­ga­nis­mo fra­ca­sa­ron al no re­unir los vo­tos re­que­ri­dos pa­ra la ex­clu­sión in­me­dia­ta del cha­vis­mo. Estos son los que se re­sis­ten a ad­mi­tir que hubo pa­ra ellos una cla­ra de­rro­ta en la OEA, pues Venezuela solo tu­vo el res­pal­do de exi­guos vo­tos: en­tre ellos el de Bo­li­via, el úni­co país sud­ame­ri­cano. Pero hubo

En abril de 2017, la can­ci­ller de Venezuela, Delcy Ro­drí­guez, anun­ció que su país ini­cia­ría – como efec­to lo hi­zo– el pro­ce­so de su re­ti­ro de la Or­ga­ni­za­ción de Estados Ame­ri­ca­nos (OEA). Y aña­dió: "Venezuela no par­ti­ci­pa­rá en lo su­ce­si­vo de ninguna ac­ti­vi­dad, de nin­gún even­to, don­de se pre­ten­da po­si­cio­nar el in­ter­ven­cio­nis­mo y el in­je­ren­cis­mo". Por su par­te, el ac­tual can­ci­ller ve­ne­zo­lano en la re­cien­te Asam­blea ex­pre­só: “Estamos con­tan­do los días pa­ra re­ti­rar­nos de es­ta or­ga­ni­za­ción”. No es com­pren­si­ble, en­ton­ces, que el Go­bierno de Ma­du­ro ha­ya re­suel­to asis­tir a es­ta Asam­blea y en­fren­tar las acu­sa­cio­nes en su con­tra. ¿El Go­bierno cha­vis­ta, al de­ci­dir su par­ti­ci­pa­ción, no ha­brá ad­ver­ti­do que los apo­yos con que con­ta­ba ya se han es­fu­ma­do y que, in­clu­si­ve el san­di­nis­mo, aho­ra aco­rra­la­do, se iba a abs­te­ner en la vo­ta­ción del pro­yec­to de re­so­lu­ción de con­de­na? Hay, se­gu­ra­men­te, muchas su­po­si­cio­nes so­bre es­ta in­con­gruen­cia.

Los de­rro­ta­dos también fue­ron los que si­guen afe­rra­dos al So­cia­lis­mo del Si­glo XXI, ya en re­tro­ce­so y que no ad­vier­ten que el apoyo a es­ta fe­roz dic­ta­du­ra no es pre­ci­sa­men­te me­ri­to­rio.

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