CHIS­TES

La Jornada (Canada) - - PASATIEMPOS -

Le di­ce la no­via a su no­vio: Ca­ri­ño, lle­va­mos más de 15 años vi­vien­do juntos, ¿por qué no nos ca­sa­mos? ¿Ca­sar­nos? ¿Y quién nos va a que­rer a ti y a mí? -----------------------------A un im­por­tan­te ban­que­ro se le pre­sen­ta el pre­ten­dien­te a pe­dir la mano de su hi­ja y le di­ce:

-Yo ama­ría a su hi­ja aun­que no tu­vie­ra un cén­ti­mo-¿Eso es cier­to?- le res­pon­de el ban­que­ro. El pre­ten­dien­te res­pon­de: -Se lo ju­ro

Le vuel­ve a pre­gun­tar el ban­que­ro:

-¿Es­ta bien se­gu­ro?El res­pon­de:

-Sí, se­ñor es­toy bien se­gu­ro-

-Be­ni­to- Di­ce el ban­que­ro di­ri­gién­do­se al ma­yor­do­mo.

Y lue­go con­ti­núa: -Acom­pa­ña a ese se­ñor a la puer­ta, no quie­ro idio­tas en mi fa­mi­lia-----------------------------Ve­nía a pe­dir­le la mano de su hi­ja.

¿Cúal? ¿La ma­yor o la me­nor?

No sa­bía que su hi­ja tu­vie­se una mano más gran­de que la otra. -----------------------------Un no­vio con su no­via es­tán sen­ta­dos en la me­sa cuan­do se acer­ca la ho­ra de brin­dar, el no­vio di­ce: Ca­ri­ño, es­pe­ra que voy a traer el vino.

Cuan­do el no­vio va ha­cia la bo­de­ga no en­cuen­tra na­da, es­pan­ta­do le di­ce a su sir­vien­ta.

¡Lu­pe, Lu­pe! ¿Dón­de es­tán las bo­te­llas de vino?

Ya las ti­re, se­ñor.

¿Qué, có­mo que las ti­ras­te? Pos sí, es que ya es­ta­ban to­das vie­jas, ca­du­cas des­de 1910. -----------------------------Pe­dro le di­ce a Ma­ría: Ma­ría, tú me en­ga­ñas con el fi­ló­so­fo del pue­blo. Y Ma­ría le con­tes­ta:

Son fa­la­cias Pe­dro, son fa­la­cias. -----------------------------¿Sa­bes có­mo es el amor? Co­mo el la­zo, por más vuel­tas que le des siem­pre ter­mi­na en la ar­go­lla. -----------------------------Un jo­ven le pre­gun­ta a su no­via:

Ca­ri­ño , ¿cuan­to me quie­res del 1 al 10 ?

Del 1 al 10 te quie­ro mu­chi­si­mo, pe­ro del 11 al 30 me voy con unos ami­gos a la pla­ya -----------------------------Car­ta a la mu­jer ama­da:

Por ti soy ca­paz de cual­quier co­sa:

Cru­zar na­dan­do océanos. Lle­gar a la ci­ma de la mon­ta­ña más al­ta del mun­do. Gri­tar a los cua­tro vien­tos so­bre mi amor por ti. En­fren­tar a cual­quier obs­tácu­lo que nos se­pa­re... Te amo tan­to...

P.S. Lle­ga­ré el jue­ves, si no llue­ve... -----------------------------Es­ta­ba Pe­dro y la Ma­ría en su ca­sa, y Pe­dro le di­ce a la Ma­ría.

Vos Ma­ría, apá­ga­te la luz. Ma­ría le con­tes­ta:

Ay, no Pe­dro.

Pe­dro le vuel­ve a de­cir:

Vos Ma­ría, que te apa­gues la luz, te di­go.

Ma­ría le con­tes­ta:

Ay no, vos Pe­dro qué me quie­res ha­cer.

Así se es­tu­vie­ron has­ta que Ma­ría le di­jo:

Va, es­tá bien Pe­dro, y apa­gó la luz.

En­ton­ces, Pe­dro le di­ce:

¿Te gus­ta mi re­loj fos­fo­res­cen­te? -----------------------------Una pa­re­ja de no­vios de­ci­den se­pa­rar­se y el chico le di­jo a la chi­ca: “Te­ne­mos que se­pa­rar­nos y cuan­do cum­pla­mos 50 años nos re­en­con­tra­mos. Ca­da ves que sea­mos in­fie­les guar­da­mos un grano de arroz”. Cuan­do lle­gó el día se vol­vie­ron a en­con­trar y el vie­jo di­jo: “mi­ra abre la ca­ji­ta y fí­ja­te” la vie­ji­ta la abrió y vio un arroz y di­jo “so­lo una vez

“, y el vie­jo di­jo: “Aho­ra te to­ca”. Y la vie­ja di­jo: “Con que crees que he pre­pa­ra­do el arroz con po­llo y el pos­tre de arroz con le­che -----------------------------Mi amor es­ta­mos cum­plien­do los 15 años de ca­sa­dos, voy a ma­tar la ga­lli­na pa­ra ce­le­brar.

Mi­ja, el ani­ma­li­to que cul­pa tie­ne. -----------------------------Es­ta­ba una pa­re­ja de no­vios y le di­ce el no­vio a su no­via:

Amor, ¿Nos va­mos de via­je el fín de se­ma­na?

La no­via le di­ce:

Mi vi­da, me­jor nos que­da­mos en la ca­sa vien­do te­le­vi­sión pa­ra aho­rrar pla­ta pa­ra el ma­tri­mo­nio.

El no­vio le di­ce:

Sí cla­ro, no lo ha­bía pen­sa­do.

Des­pués de un rato la no­via le di­ce:

Mi amor, ¿Y que te pa­re­ce si me traes tu ro­pa pa­ra la­vár­te­la pa­ra aho­rrar pla­ta pa­ra el ma­tri­mo­nio?

El no­vio le con­tes­ta:

Sí, no lo ha­bía pen­sa­do. Lue­go el no­vio en ca­sa se que­da pen­sa­do que ha­rá pues el so­lo tie­ne dos mu­das de ro­pa y es­tán ya de­te­rio­ra­das, en­ton­ces le di­ce a un ami­go que le dé la ro­pa que él se la la­va, y de es­ta ma­ne­ra la no­via no se en­te­ra­ría de que el so­lo te­nía dos mu­das de ro­pa. A la se­ma­na si­guien­te lle­ga a la ca­sa de la no­via y és­ta lo re­ci­be con un abra­zo y le di­ce:

Mi amor, te he la­va­do y plan­cha­do la ro­pa, pe­ro esas dos mu­das que es­ta­ban vie­jas las re­ga­lé. -----------------------------El fu­tu­ro sue­gro al pro­me­ti­do de su hi­ja.

¿Así que quie­re ca­sar­se con Lau­ri­ta, pe­ro an­tes dí­ga­me, de cuán­to di­ne­ro dis­po­ne? De 30 mil pe­sos, se­ñor.

¡Ah!, no es­tá mal si los su­ma­mos a los 30 mil que tie­ne mi hi­ja. El pre­ten­dien­te in­te­rrum­pe:

Per­dón se­ñor, pe­ro esos ya es­tán in­clui­dos. -----------------------------Me con­ta­ron que tú y tu no­via rom­pis­teis, ¿Qué pa­só?

Pues que ni soy ri­co, ni ten­go bue­na co­lo­ca­ción.

Pe­ro, ¿No le con­tas­te que eres so­brino del due­ño de unos gran­des al­ma­ce­nes? Sí, ¡Rom­pió en­se­gui­da con­mi­go y hoy es mi tía!

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