CHISTES

La Jornada (Canada) - - PASATIEMPOS -

Re­sul­ta que un hom­bre de­ci­de dis­fra­zar­se de po­bre y pe­dir li­mos­nas. Un día es­ta­ba sen­ta­do, y jus­to pa­sa su no­via, lo ve y le di­ce: Mi amor, ¿Sos vos?

Y él le di­ce:

Se­ño­ri­ta, creo que us­ted se equi­vo­có.

Ella di­ce:

Iré a la ca­sa de mi no­vio y com­pro­ba­ré si es ver­dad. Él se apre­su­ra, se va co­rrien­do a su ca­sa y se sa­ca el dis­fraz.

Cuan­do su no­via lle­ga le di­ce:

¿Sa­bes una co­sa?

Allá ha­bía un hom­bre, re pa­re­ci­do a vos pi­dien­do li­mos­na.

Y él le con­tes­ta:

Mi amor ya te di­je que no era yo. -----------------------------Un ni­ño lle­ga al hos­pi­tal don­de su ma­má. Al ver­la el ni­ño le pre­gun­tó:

Ma­má, ¿qué tie­nes en el es­tó­ma­go?

Y le di­ce su ma­má:

Un ni­ño.

En­ton­ces el ni­ño sa­le de la ha­bi­ta­ción y le di­ce a su pa­pá:

Pa­pá, no le an­des dan­do ni­ños a mi ma­má por­que se los co­me. -----------------------------Jai­mi­to, ¿tú no re­zas an­tes de co­mer?

No, mi ma­dre es bue­na co- ci­ne­ra. -----------------------------Ma­má, ma­má en el co­le­gio me di­cen in­tere­sa­do. ¿Y quié­nes fue­ron?

¡Si me das $5 te lo di­go! -----------------------------El se­ñor de la ca­sa lla­ma por te­lé­fono y con­tes­ta la em­plea­da:

¿Ha lla­ma­do al­gún im­bé­cil, Ma­ría?

No, us­ted es el pri­me­ro, se­ñor. -----------------------------La maes­tra pre­gun­ta a Jai­mi­to:

¿Có­mo ma­tó David a Go­liat?

Con una mo­to.

¿Có­mo con una mo­to? ¿no se­rá con una hon­da? ¡Ahhhh! ¿pe­ro ha­bía que de­cir la mar­ca? -----------------------------Jai­mi­to es­ta­ba en el sa­lón de cla­se con sus com­pa­ñe­ros, co­mo la pro­fe­so­ra no lle­ga­ba, to­dos los alum­nos co­men­za­ron a ha­cer al­bo­ro­to.

Cuan­do lle­gó la pro­fe­so­ra vio el des­or­den que ha­bía y co­men­zó a in­te­rro­gar a los ni­ños.

- Jua­ni­ta, ¿Qué haz he­cho tú?.

- Yo di­bu­jé en la pi­za­rra. - Pe­dri­to, y tú, ¿Qué hi­cis­te?. - Yo ti­ré mi pu­pi­tre con­tra el sue­lo.

- Jai­mi­to, y tú, ¿Qué hi­cis­te?. - Yo ti­ré ser­pen­ti­na por la ven­ta­na.

- Ca­ram­ba, apren­dan de Jai­mi­to que no es un mal­cria­do co­mo us­te­des.

Pe­ro al pa­sar unos minutos, to­can la puer­ta de la cla­se y en­tra una ni­ña to­da gol­pea­da, la pro­fe­so­ra le pre­gun­ta: - ¿Quién eres?.

- Yo me lla­mo Ser­pen­ti­na. -----------------------------Tres ami­gos es­tán dis­cu­tien­do so­bre la co­sa más rá­pi­da del mun­do: El pri­me­ro di­ce: Yo creo que la co­sa más rá­pi­da del mun­do es el ra­yo; cuan­do cae del cie­lo, baja tan rá­pi­do que ni los ves.

El se­gun­do di­ce: Yo creo que la co­sa más rá­pi­da es la luz, por­que cuan­do lle­gas a tu ca­sa y le aprie­tas el in­te­rrup­tor pa­ra en­cen­der­la, pul­sas y al ins­tan­te, sin dar­te cuen­ta es­ta en­cen­di­da. Y el ter­ce­ro sen­ten­cia: Pues yo creo que hay otra co­sa más rá­pi­da que el ra­yo y la luz.

Los otros dos pre­gun­tan: ¿Y cuál es?

-La dia­rrea. Una no­che es­ta­ba en el cam­po y de pron­to se me re­tor­ció el es­tó­ma­go; sa­lí pa­ra mi ca­sa co­mo un ra­yo y cuan­do en­cen­dí la luz, ya me ha­bía ca­gado. -----------------------------Ha­bía una vez un chico que le que­ría de­cir co­sas bo­ni­tas a su no­via y fue don­de su pro­fe­sor de literatura y el pro­fe­sor le di­jo di­le así tie­nes ojos de lu­ce­ro tu bo­ca es de cris­tal y te ba­ja­ron del cie­lo por un cor­te ce­les­tial y el chico fue co­rrien­do don­de su no­via re­pi­tien­do lo que el pro­fe­sor le ha­bía di­cho y cuan­do lle­go don­de su no­via le di­jo tie­nes ojos de be­ce­rro tu bo­ca es de co­rral y te ba­ja­ron del cie­lo por bru­ta y ani­mal. -----------------------------Un hom­bre lle­ga y se sien­ta a co­mer y su mu­jer le di­ce: ¿Te sir­vo?

Y él con­tes­ta:

A ve­ces. -----------------------------¿En qué se pa­re­ce el hom­bre al mou­se del compu­tador?

En que só­lo sir­ve cuan­do lo pre­sio­nas y lo arras­tras.

¿Qué es un pa­si­llo de dos puer­tas pa­ra un hom­bre? Un la­be­rin­to.

¿Por qué a los hom­bres no les afec­ta la en­fer­me­dad de las va­cas?

Por­que son unos cer­dos.

¿Qué le di­ce un hom­bre a otro hom­bre?

Na­da, por­que los ani­ma­les no ha­blan. ¿En qué se pa­re­cen los hom­bres a las compu­tado­ras?

Que tie­nen memoria, pe­ro ce­re­bro no.

¿Có­mo se les di­ce a los hom­bres cuan­do pier­den la in­te­li­gen­cia?

Viu­dos.

¿En qué se pa­re­cen los hom­bres a los mos­cos? En que es­tán ahí, te mo­les­tan, te los qui­tas, y vuel­ven a sa­lir.

Los hom­bres son co­mo las mo­ne­das fal­sas, pa­san de mano en mano y la más ton­ta se la que­da.

¿Có­mo se lla­ma a un hom­bre mon­ta­do en un bu­rro? Un bu­rro de dos pi­sos.

¿Por qué los hom­bres tie­ne una neu­ro­na más que los ca­ba­llos?

Pa­ra que no se ca­guen en los des­fi­les.

¿Por qué los hom­bres se pa­re­cen a las compu­tado­ras? Por­que a la ho­ra de la ho­ra se les cae el sis­te­ma.

¿En qué se pa­re­ce un hom­bre a un ca­ra­col?

Son ba­bo­sos, se arras­tran por el pi­so, y creen que la ca­sa es su­ya.

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