CHIS­TES

La Jornada (Canada) - - PASATIEMPOS -

- Yo no vo­to per­so­nas, ¡yo vo­to ideas!

- ¿Y si te doy un mi­llón de eu­ros?

- Pues vo­to a quien sea, por­que la idea no es tan ma­la -----------------------------La pro­fe­so­ra di­ce:

Pa­bli­to ve­nía pa­ra la es­cue­la, pi­só una cás­ca­ra de ba­nano y se ca­yó y se que­bró una pier­na.

¿Qué hay que apren­der de es­to Jua­ni­to?

¡Que no hay que ve­nir a la es­cue­la! -----------------------------Le he pe­di­do a mi ma­ri­do que me lle­va­se a ver LOS MI­SE­RA­BLES y he­mos es­ta­do una ho­ra sen­ta­dos fren­te a la puer­ta del Con­gre­so. -----------------------------Es­ta­ba en un ca­fé y de pron­to se me acer­co un ca­ba­lle­ro y me di­jo. Se­ño­ri­ta , ¿pue­do pa­gar la cuen­ta por ud ?

Apro­ve­ché la ofer­ta y sa­que de mi bol­sa los re­ci­bos de la luz, el agua y el ca­ble.! -----------------------------¿Qué nun­ca te voy a ol­vi­dar ?

Pues, ni que fue­ras mi con­tra­se­ña de Fact­book -----------------------------Hoy un par de ex­tra­ños me die­ron un re­loj y una bi­lle- te­ra nue­va.

¡Cual­quie­ra di­ría que es­te re­vol­ver es má­gi­co ! -----------------------------Es­ta­ban 3 lo­cos en un avión con tre­men­do al­bo­ro­to, y de re­pen­te el pi­lo­to le di­ce al co­pi­lo­to:

Va­ya a ver que les pa­sa a esos ti­pos.

Y el co­pi­lo­to se di­ri­ge a los lo­cos, y vuel­ve a la ca­bi­na de pi­lo­ta­je. El pi­lo­to le pre­gun­ta:

¿Qué hi­cis­te pa­ra que se que­da­ran quie­tos?

Nos pu­si­mos a ju­gar a la es­cue­li­ta y les man­de ta­reas. Cin­co mi­nu­tos des­pués, se vuel­ven a al­bo­ro­tar y el pi­lo­to le di­ce al co­pi­lo­to:

Va­ya a ver qué les pa­sa a esos ti­pos es­ta vez. El co­pi­lo­to se va y re­gre­sa y el pi­lo­to le pre­gun­ta:

¿Qué hi­cis­te?

Re­vi­sé sus ta­reas y co­mo las hi­cie­ron bien, les abrí la puer­ta y se fue­ron al re­creo. -----------------------------Una se­ño­ra es­ta­ba en un avión y al ver que es­ta­ba tro­nan­do se asus­tó y le pre­gun­tó al ca­pi­tán:

¿Si le cae un ra­yo al mo­tor #4 qué pa­sa?

El Ca­pi­tán le res­pon­dió: Bueno con tres mo­to­res es­ta­mos ca­pa­ci­ta­dos pa­ra vo­lar per­fec­ta­men­te bien. Y ella le pre­gun­ta de nue­vo: ¿Y si le cae un ra­yo al mo­tor #3?

El Ca­pi­tán le res­pon­dió: Bueno con dos mo­to­res lle­ga­mos más o me­nos a una bue­na dis­tan­cia a to­da má­qui­na.

Y ella le pre­gun­ta de nue­vo: ¿Si le cae otro ra­yo al mo­tor #2?

El Ca­pi­tán le res­pon­de: Bueno a to­da má­qui­na, con un mo­tor po­dría­mos lle­gar al ae­ro­puer­to más cer­cano. Di­ce la se­ño­ra:

¿Y si le cae un ra­yo a ese úni­co mo­tor?

Y di­ce el Ca­pi­tán:

Bueno, sa­ca­mos uno de re­pues­to y lo po­ne­mos a fun­cio­nar has­ta que lle­gue­mos a la ciu­dad más cer­ca­na. ¿Y si le cae otro ra­yo a ese mo­tor?

En­con­ces di­ce el Ca­pi­tán. Bueno sa­ca­mos el se­gun­do mo­tor de re­pues­to y lo po­ne­mos, a ver don­de ate­rri­za­mos.

Y di­ce la se­ño­ra:

¿Ca­pi­tán de dón­de sa­ca us­ted tan­tos mo­to­res de re­pues­tos?

¡Del mis­mo lu­gar don­de es­tá sa­can­do us­ted tan­tos ra­yos!. -----------------------------Es­ta­ban vo­lan­do en un avión co­mer­cial, un cura, un can­tan­te, un hippie y un po­lí­ti­co. De re­pen­te el avión co­mien­za a caer en pi­ca­da, la aza­fa­ta les in­di­ca que só­lo exis­ten 3 pa­ra­caí­das pa­ra los pa­sa­je­ros. En­ton­ces de­ci­den quién se que­da­rá en el avión: El po­lí­ti­co di­ce:

Yo sal­ta­ré, sin mí el pue­blo que­da­ría co­mo in­vá­li­do, sin na­die quien lo di­ri­ja. En­ton­ces to­ma el pa­ra­caí­das y sal­ta.

El can­tan­te di­ce:

Yo ten­go que sal­tar, el mun­do ne­ce­si­ta mi mú­si­ca, la ale­gría de mis le­tras. En­ton­ces sal­ta.

Cuan­do de re­pen­te el cura ve otros dos pa­ra­caí­das le di­ce al hippie:

¡Mi­la­gro! ¡Mi­la­gro, que­dan dos pa­ra­caí­das!

El hippie le res­pon­de: No pa­dre, es que uno sal­tó con mi mo­chi­la. -----------------------------Du­ran­te un vue­lo la aza­fa­ta se acer­ca a ver que le ocu­rre a un hom­bre que pro­tes­ta amar­ga­men­te. ¡Es­toy har­to de es­ta ae­ro­lí­nea! re­fun­fu­ña, ¡siem­pre me to­ca el mis­mo asien­to! no pue­do ver la pe­lí­cu­la y, co­mo las ven­ta­ni­llas no tie­nen per­sia­nas tam­po­co pue­do dor­mir.

A lo que la aza­fa­ta res­pon­de:

De­je de que­jar­se y ate­rri­ce de una vez, co­man­dan­te. -----------------------------Un campesino con­si­guió vi­sa y via­ja en avión des­de su pue­blo a la ca­pi­tal. Lle­va al­re­de­dor de 4 ho­ras via­jan­do y ya es­tá muy can­sa­do de es­tar sen­ta­do. Co­mo ya no aguan­ta más di­ce en voz al­ta:

¡Me de­ja en la pró­xi­ma pa­ra­da! -----------------------------Un avión es­tá vo­lan­do a

150 me­tros del ae­ro­puer­to cuan­do el pi­lo­to di­ce:

Aquí avión, ne­ce­si­to pis­ta pa­ra ate­rri­zar.

Na­die con­tes­ta.

Aquí avión, ne­ce­si­to pis­ta pa­ra ate­rri­zar.

Na­die con­tes­ta a su lla­ma­da.

Aquí avión, ne­ce­si­to ur­gen­te pis­ta pa­ra ate­rri­zar.

Y se oye una voz que di­ce: La pis­ta es: Oro pa­re­ce, pla­ta no es. -----------------------------Es­ta­ban dos ve­ci­nas y una le di­ce a otra:

Ay ve­ci­na, me da mu­cha pe­na que mi ga­lli­na ha­ya des­tro­za­do su jar­dín.

No se preo­cu­pe, di­ce la otra, por­que mi pe­rro aca­ba de co­mer­se su ga­lli­na. Me­nos mal, di­ce la pri­me­ra, por­que mi co­che aca­ba de ma­tar a su pe­rro. -----------------------------Unos ve­ci­nos se en­cuen-

www.la­jor­na­da.ca

Newspapers in Spanish

Newspapers from Canada

© PressReader. All rights reserved.