Te­le­ki­né­ti­ca

Caras (Chile) - - ECOS - Por Al­fre­do Ló­pez

MILLIE BOBBY BROWN SA­BE QUE SU PER­SO­NA­JE ELE­VEN ES UN SER EX­TRA­ÑO QUE ES­CON­DE FRAC­TU­RAS Y PE­NAS. DE AHÍ SA­CA EN LIM­PIO QUE ES BUENO SE­GUIR LOS INS­TIN­TOS Y QUE SU PRI­MER BE­SO EN PAN­TA­LLA NO FUE MÁS QUE JUE­GO, PE­RO QUE CA­SI LA DE­JÓ EN SHOCK.

Mu­da, im­pe­ne­tra­ble y ra­pa­da. Ca­si sin pro­nun­ciar pa­la­bras, Millie Bobby Brown es una ído­la de do­ce años en Stran­ger Things, la se­rie de Net­flix que trae de re­gre­so el ci­ne de te­rro­ra­ven­tu­ra de los ’80, con una bue­na do­sis de ET y Aliens. De pa­dres in­gle­ses, na­ció en Bar­ce­lo­na, pa­só sus pri­me­ros años en Marbella y des­pués se es­ta­ble­ció en Or­lan­do, don­de fi­nal­men­te co­men­zó su ca­rre­ra. An­tes ha­bía es­ta­do en Alicia en el país de la ma­ra­vi­llas y en el th­ri­ller te­le­vi­si­vo The In­tru­ders. Na­da, sin em­bar­go, ha si­do más fuer­te en su vi­da que in­ter­pre­tar a Ele­ven: una ni­ña que, por sus ca­pa­ci­da­des te­le­ki­né­ti­cas es ca­paz de descifrar có­di­gos en di­men­sio­nes pa­ra­le­las. Víc­ti­ma de sus do­nes, el per­so­na­je es pa­ra Millie un pun­to de re­fle­xión: “Se tra­ta de una ni­ña ex­tra­ña, con mu­chas frac­tu­ras. De ahí que la gen­te se ha­ya sen­ti­do iden­ti­fi­ca­da, ven en ella sus pro­pias ca­ren­cias”, di­jo ha­ce unos días a Graz­zia. “Cla­ro que es muy dis­tin­ta a mí, pe­ro si al­go bueno ob­tu­ve de ella es que siem­pre es me­jor se­guir tus ins­tin­tos”.

Cuan­do los me­lli­zos Matt y Ross Duf­fer, los crea­do­res de la se­rie, pen­sa­ron que lo más di­fí­cil se­ría con­ven­cer­la de que se cor­ta­ra su lar­ga y on­du­la­da me­le­na cas­ta­ña. Su pa­dre, con lá­gri­mas en la ca­ra, no qui­so ser tes­ti­go. Su ma­dre fue más fuer­te y lle­gó con una cá­ma­ra pa­ra re­gis­trar lo que aho­ra es uno de los vi­deos más vis­tos de la red. Fi­nal­men­te se mi­ró al es­pe­jo y des­cu­brió que era otra, se le­van­tó del asien­to y gri­to: “¡Es ge­nial! ¡Soy Fu­rio­sa!”, en re­la­ción a per­so­na­je de Char­li­ze The­ron en Mad Max.

Des­pués en­tró al set y el res­to fue una in­ter­pre­ta­ción con­si­de­ra­da épi­ca en la di­rec­ción de ni­ños en ci­ne. En el desen­la­ce de es­ta pri­me­ra tem­po­ra­da, la ac­triz tu­vo que dar su pri­mer be­so. “Sí, fue un shock y yo gri­té: ‘¡es­to es ma­lí­si­mo!’. Lue­go, to­dos mis com­pa­ñe­ros se lar­ga­ron a reír. No fue más que eso, al­go así co­mo un jue­go”.

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