FIE­BRE POR MA­LU­MA

El co­lom­biano que tie­ne re­vo­lu­cio­na­das a las mu­je­res de to­do el con­ti­nen­te vuel­ve a Chile pa­ra lle­nar tres Mo­vis­tar Are­na en­tre el 30 de agos­to y el 1 de sep­tiem­bre. Acá, el reg­ga­to­ne­ro nos ha­bla acer­ca de sus ini­cios en la mú­si­ca, su más re­cien­te dis­co P

Caras (Chile) - - CONTENIDO - Por Lu­cía Alar­cón de Za­ma­co­na y Jes­si­ca Luis­ce /CA­RAS Mé­xi­co Fo­tos Mar­co Mar­co­vich Coor­di­na­ción de mo­da Ka­ren Fen­ta­nes

El can­tan­te de reg­gae­ton co­lom­biano re­gre­sa a Chile pa­ra cau­ti­var a sus mi­les de fa­ná­ti­cas. Con tres fe­chas con­fir­ma­das en agos­to, pretty boy con­ver­só con CA­RAS so­bre sus ini­cios en la mú­si­ca, su nue­vo dis­co y sus me­tas.

Juan Luis Lon­do­ño na­ció en Me­de­llín, Co­lom­bia, el 28 de enero de 1994.

Se bau­ti­zó co­mo Ma­lu­ma, nom­bre ar­tís­ti­co que sur­ge a par­tir de las dos pri­me­ras le­tras de los nom­bres de su ma­dre Ma­ri­lli, las de su pa­dre Luis y las de su her­ma­na Ma­nue­la. Su ca­rre­ra co­men­zó en 2010 tras lan­zar su sen­ci­llo de­but ti­tu­la­do Fa­ran­du­le­ra de for­ma in­de­pen­dien­te. El éxi­to de es­te te­ma en su na­tal Co­lom­bia lla­mó la aten­ción de Sony Mu­sic, la que más tar­de lo firmó.

A los 23 años ya es re­co­no­ci­do co­mo uno de los ar­tis­tas ur­ba­nos con­tem­po­rá­neos más im­por­tan­tes, ha co­la­bo­ra­do con Sha­ki­ra y Ricky Mar­tin y sus te­mas son éxi­tos ase­gu­ra­dos en la ra­dio in­ter­na­cio­nal.

—Cuén­ta­nos so­bre tu vi­da an­tes de ser Ma­lu­ma. ¿Cuá­les son los pri­me­ros re­cuer­dos que tie­nes?

—Me acuer­do cuan­do te­nía ocho años y mi pa­dre me com­pra­ba ins­tru­men­tos. En Na­vi­dad siem­pre le pe­día eso a San­ta y me traía gui­ta­rras, ba­te­rías… Ten­go eso muy gra­ba­do. Ade­más de la mú­si­ca, el fút­bol fue una par­te muy im­por­tan­te de mi vi­da. Ju­gué ocho años y lo veía co­mo el ca­mino ha­cia el cual di­ri­gir mi vi­da, pe­ro por des­tino o ca­sua­li­dad, a los 16 años to­mé la de­ci­sión de ir­me por la mú­si­ca. Fue muy di­fí­cil, creo que pa­ra mi fa­mi­lia más que pa­ra mí. No lo po­dían creer.

—Ellos han si­do un col­chón pa­ra aguan­tar tan­ta pre­sión. Me han ayu­da­do a equi­li­brar mi vi­da. Des­de el día uno me han apo­ya­do. Cuan­do me que­ría de­di­car al fút­bol es­ta­ban con­mi­go, cuan­do qui­se ha­cer mú­si­ca tam­bién. Cual­quier lo­cu­ra que se me ocu­rrie­ra siem­pre me apo­ya­ron. Son to­do pa­ra mí. Mi ma­dre ha si­do mi co­ra­zón, mi mo­tor, por ella tra­ba­jo y lu­cho. Cuan­do es­toy so­bre la ta­ri­ma só­lo pien­so en ella y en mi fa­mi­lia; ella me mo­ti­va a sa­lir ade­lan­te y pien­so en que nun­ca le fal­te na­da a ella. Le es­toy muy agra­de­ci­do por to­do.

—¿Por qué fi­nal­men­te te de­ci­dis­te por la mú­si­ca?

—Yo tra­to de to­mar mis de­ci­sio­nes con el co­ra­zón y pen­sé en lo que me iba a ha­cer fe­liz a mí, sin im­por­tar el re­sul­ta­do. Só­lo sa­bía que que­ría ha­cer mú­si­ca y te­nía que de­di­car­me al 100. El fút­bol me qui­ta­ba mu­cho tiem­po, en­ton­ces pu­se las dos co­sas en la ba­lan­za y de­ci­dí que lo que más dis­fru­ta­ba ha­cer era es­tar me­ti­do en un es­tu­dio com­po­nien­do y can­tan­do. Que­ría ha­cer mú­si­ca y de­jar el fút­bol co­mo hobby.

—¿En qué po­si­ción ju­ga­bas?

—De me­dio­cam­pis­ta. En esa épo­ca y en esa po­si­ción ha­bía muy po­cos zur­dos co­mo yo, ha­bía más dies­tros. Ju­gué mu­cho tiem­po en el Atlé­ti­co Na­cio­nal, es el equi­po más gran­de de Co­lom­bia. Aho­ra ya no ten­go tan­to tiem­po de ver el fút­bol, ya ni sé qué ju­ga­do­res hay en ca­da equi­po.

—¿Có­mo to­mó tu fa­mi­lia tu de­ci­sión de de­jar el fút­bol?

—Cuan­do co­men­cé con la mú­si­ca mi pa­pá pen­só que yo es­ta­ba lo­co por­que lle­va­ba años acom­pa­ñán­do­me a partidos de fút­bol, pe­ro nun­ca a un con­cier­to. Siem­pre su­po que me gus­ta­ba can­tar y que me en­can­ta­ba la mú­si­ca, pe­ro nun­ca cre­yó que fue­ra tan en se­rio, has­ta que un día mis pa­dres me re­co­gie­ron de un en­tre­na­mien­to y les di­je: “Ya no quie­ro vol­ver a ju­gar, quie­ro ha­cer mú­si­ca”. Me mi­ra­ron con­fun­di­dos pe­ro en­ten­die­ron que era una de­ci­sión vá­li­da. Ya cuan­do vie­ron que to­do iba en se­rio, que em­pe­cé a via­jar a va­rios paí­ses, que fir­mé con­tra­to con Sony Mu­sic Co­lom­bia y que gra­bé mi pri­mer dis­co en­ton­ces ya di­je­ron: “Ah, pues sí va en se­rio” (ri­sas). Uno de­be de­mos­trar con he­chos. (Ma­gia),

—¿De dón­de to­mas tu ins­pi­ra­ción pa­ra las le­tras de tus can­cio­nes?

—Mi ins­pi­ra­ción la to­mo prin­ci­pal­men­te de las mu­je­res. Fui cria­do en­tre mu­je­res y siem­pre les he te­ni­do mu­cho res­pe­to. Em­pe­cé a es­cri­bir mu­chas co­sas cuan­do era más ni­ño. En el co­le­gio, cuan­do mis ami­gos te­nían pro­ble­mas con sus no­vias, me pe­dían ayu­da pa­ra es­cri­bir­les car­tas y que pu­die­ran re­con­ci­liar­se. Así es co­mo em­pe­zó es­te cuen­to de es­cri­bir. Me gus­ta­ban mu­cho las cla­ses de len­gua cas­te­lla­na en el co­le­gio por­que me in­di­ca­ban mu­chas co­sas y me guia­ban pa­ra sa­ber por dón­de lle­var mis can­cio­nes. Yo es­cri­bo el 80% de mis can­cio­nes.

—¿Siem­pre su­pis­te que tu ca­rre­ra mu­si­cal lle­ga­ría has­ta es­te pun­to?

—Siem­pre lo so­ñé, siem­pre lo vi­sua­li­cé, pe­ro ja­más pen­sé que fue­ra a pa­sar tan rá­pi­do. Han si­do sie­te años de ca­rre­ra en don­de han pa­sa­do mu­chí­si­mas co­sas que un ar­tis­ta nor­mal tar­da mu­cho más en lo­grar. Me sien­to agra­de­ci­do y ben­de­ci­do por­que lo que me ha su­ce­di­do a mí es un ca­so ra­ro. Me sien­to muy fe­liz.

—¿Qué ar­tis­tas han influido en tu ca­rre­ra?

—Jus­tin Tim­ber­la­ke ha si­do pa­ra mí un gran re­fe­ren­te de la mú­si­ca mo­der­na. Pe­ro en cuan­to a mú­si­ca co­mo sal­sa, Héc­tor La­voe pa­ra mí siem­pre fue el nú­me­ro uno de los ar­tis­tas que yo ad­mi­ra­ba. Me sé to­das sus can­cio­nes, las es­cu­cho to­dos los días y no hay una que me abu­rra. El es mi gran ins­pi­ra­ción mu­si­cal.

—Cuén­ta­nos un po­co so­bre tu úl­ti­mo dis­co, Pretty boy, dirty boy. ¿Cuál es la esen­cia y por qué ele­gis­te ese tí­tu­lo?

—Re­fle­ja to­tal­men­te lo que soy co­mo Juan Luis. Hay can­cio­nes de to­do ti­po: pa­ra bai­lar, mú­si­ca ro­mán­ti­ca, di­fe­ren­tes rit­mos. Eso es con lo que me iden­ti­fi­co, con la ver­sa­ti­li­dad. Es­te dis­co es­tá muy va­ria­do y qui­se po­ner­le un nom­bre que re­fle­ja­ra ese equi­li­brio.

—¿Có­mo des­cri­bes la ex­pe­rien­cia de ha­ber co­la­bo­ra­do con ar­tis­tas co­mo Tha­lía, Sha­ki­ra y Ricky Mar­tin, en­tre otros?

—¡In­creí­ble! Ha si­do un cre­ci­mien­to y un apren­di­za­je sor­pren­den­tes. To­do se dio en un lap­so muy cor­to; pa­só lo de Ricky y al mes ya es­ta­ba en Bar­ce­lo­na gra­ban­do con Sha­ki­ra. To­do fue muy rá­pi­do pe­ro su­ce­dió en el mo­men­to pre­ci­so e in­di­ca­do de mi ca­rre­ra. Fue muy es­pe­cial, de ca­da uno apren­dí mu­cho tan­to a ni­vel la­bo­ral co­mo per­so­nal. Los ad­mi­ro y siem­pre so­ñé con tra­ba­jar con ellos. Des­de ni­ño te­nía en mi men­te el sue­ño de ir al es­tu­dio con ellos. Fue­ron ex­pe­rien­cias inol­vi­da­bles.

—¿Cuál ha si­do el mo­men­to más di­fí­cil que has vi­vi­do y quién fue tu ma­yor apo­yo du­ran­te ese tiem­po?

—Los mo­men­tos más di­fí­ci­les son es­tar le­jos de mi fa­mi­lia. Eso es muy fuer­te. De­jar de es­tar al la­do de ellos por su­bir­me a un avión o a una ta­ri­ma ca­si a dia­rio. En­tre­vis­tas, shoo­tings, shows, Ma­lu­ma, Ma­lu­ma… De­jar un po­co a Juan Luis de la­do es di­fí­cil. Pe­ro yo creo que to­do se va dan­do con equi­li­brio y quien me ha apo­ya­do es mi her­ma­na. Mis pa­dres tam­bién. Ellos son el cen­tro de to­do y siem­pre es­tán ahí. Me ha­cen mu­cha fal­ta pe­ro a la vez son pre­ci­sa­men­te ellos quie­nes me mo­ti­van pa­ra se­guir pa­ra ade­lan­te. Son un mo­tor muy im­por­tan­te pa­ra mí.

—¿Cuá­les son las re­com­pen­sas y los re­tos más gran­des de ser un ar­tis­ta in­ter­na­cio­nal?

—Las re­com­pen­sas son que le doy a mi fa­mi­lia la vi­da que ellos quie­ren, no les fal­ta ab­so­lu­ta­men­te na­da. Yo por mi par­te vi­vo muy tran­qui­lo. La con­tra­par­te es la pri­va­ci­dad. Yo creo que to­dos na­ce­mos con el de­re­cho a te­ner una vi­da pri­va­da y yo no la ten­go. Na­cí con ese de­re­cho, pe­ro la fa­ma y mi ca­rre­ra po­co a po­co me lo han ido qui­tan­do. Pe­ro son unas co­sas por otras. Por eso de­ci­dí ha­cer es­ta ca­rre­ra y de­di­car­me a lo que ha­go. No me arre­pien­to de ab­so­lu­ta­men­te na­da pe­ro sí es com­pli­ca­do. No pue­des sa­lir a la ca­lle tran­qui­lo, son bo­ba­das pe­ro que mu­cha gen­te no en­tien­de. Por ejem­plo, res­pi­rar ai­re acon­di­cio­na­do to­do el tiem­po. Es­toy en avio­nes, en­ce­rra­do en un ho­tel, en los ca­rros no pue­do ba­jar la ven­ta­na. Pa­ra mí no res­pi­rar ai­re pu­ro es di­fí­cil. Pe­ro no pa­sa na­da, yo soy muy fe­liz. Se com­pen­sa de la me­jor ma­ne­ra. Tra­to de dis­fru­tar y vi­vir mi vi­da al má­xi­mo, por­que yo sé que los años y el tiem­po pa­san, se va vo­lan­do. Si yo me amar­go los años de mi ca­rre­ra, no los po­dré re­cu­pe­rar. Tra­to de vi­vir se­gun­do a se­gun­do ca­da día.

Jun­to a Ricky Mar­tin, con quien gra­bó el hit “Ven­te pa’ acá”.

MA­LU­MA CON SU HER­MA­NA MA­NUE­LA, SU PA­DRE LUIS Y SU MA­DRE MA­RI­LLI, QUIE­NES SON SU MA­YOR APO­YO.

En­tre­vis­tas, shoo­tings, shows, Ma­lu­ma, Ma­lu­ma… De­jar un po­co a Juan Luis de la­do es di­fí­cil.

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