PO­DER fe­me­nino

La jo­ven mo­de­lo y ac­triz ha sa­bi­do apro­ve­char al má­xi­mo el po­ten­cial de su belleza, una de las más exu­be­ran­tes del es­pec­tácu­lo. Se ca­só en se­cre­to, es una de las per­so­nas más se­gui­das en Instagram y se con­vir­tió en el nue­vo ros­tro de Ké­ras­ta­se.

Caras (Chile) - - ESPECIAL BELLEZA - Adap­ta­ción: Pa­lo­ma Pa­re­ja

Le­jos de Tas­ha, su rol de­but en la se­rie iCarly, y su sen­sual par­ti­ci­pa­ción en el po­lé­mi­co video Blu­rred Li­nes de Ro­bin

Thic­ke, Emily Ra­taj­kows­ki (26) es hoy una exi­to­sa y ague­rri­da fe­mi­nis­ta que go­za de gran po­pu­la­ri­dad en Instagram, pla­ta­for­ma don­de po­sa a diario sin in­hi­bi­cio­nes y tie­ne al mun­do ex­pec­tan­te con ca­da de­ta­lle de su vi­da, los que no han si­do me­no­res. En fe­bre­ro pa­sa­do anun­ció que se ca­só con el ac­tor Se­bas­tian Bear-McC­lard a dos me­ses de co­no­cer­lo, en una re­la­ja­da bo­da don­de vis­tió un tra­je de la mar­ca Za­ra. Por otro la­do, los ru­mo­res de su pri­mer em­ba­ra­zo sue­nan ca­da vez más fuer­tes, aun­que ella no se ha pro­nun­cia­do al res­pec­to.

Sin im­por­tar lo que la pren­sa opi­ne de ella, Emily se per­mi­te ser sen­sual, cree que la belleza exis­te en ca­da mu­jer, es­tá cons­cien­te del po­der fe­me­nino y ase­gu­ra que una de sus más le­ta­les armas de se­duc­ción, es su vo­lu­mi­no­so ca­be­llo cas­ta­ño. —¿Có­mo la belleza ha­ce a las mu­je­res más fuer­tes?

—La con­fian­za es lo que te ha­ce única, y el amor pro­pio es la fuer­za que te ayu­da en to­do lo que te pro­pon­gas. —¿Cuál es tu vi­sión de la belleza ideal?

—Es una mu­jer que es com­ple­ta­men­te ella.

—¿Por qué acep­tas­te ser el ros­tro de Ké­ras­ta­se?

—Creo que mi pe­lo es mi prin­ci­pal arma de belleza. Co­no­cí la mar­ca gra­cias a mi pe­lu­que­ra que ama to­das sus lí­neas, y ¡me hi­ce adic­ta! Ya no tengo que cor­tar mis pun­tas tan se­gui­do co­mo an­tes, por­que real­men­te se da­ñan me­nos. Una de las co­sas que más me en­can­tan de la lí­nea Au­ra Bo­ta­ni­ca es que sus ingredientes son sus­ten­ta­bles y ayu­dan a crear em­pleos pa­ra mu­je­res en di­fe­ren­tes paí­ses del mun­do.

Con 17 mi­llo­nes de se­gui­do­res, pier­nas ki­lo­mé­tri­cas y un cuer­po que pa­re­ce ta­lla­do a mano, la mo­de­lo bri­tá­ni­ca que de­bu­tó a los 14 años aso­ma co­mo una de las úni­cas ame­na­zas reales pa­ra des­tro­nar a Ken­dall Jen­ner co­mo la ma­ni­quí me­jor pa­ga­da del mun­do. “Sin im­por­tar lo exu­be­ran­tes que pue­dan ser nues­tros cuer­pos, ne­ce­si­ta­mos te­ner la li­ber­tad co­mo mu­je­res de es­co­ger cuán­do y có­mo ex­pre­sa­mos nues­tra se­xua­li­dad”, ha di­cho en una de sus tan­tas cru­za­das a fa­vor del em­po­de­ra­mien­to fe­me­nino. Con­tra­tos mi­llo­na­rios y una vi­da pri­va­da a puer­tas abier­tas pa­re­ce ser el gran se­cre­to de su éxi­to.

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