UN CAM­BIO IM­PRO­BA­BLE

Caras Especiales (Chile) - - CONTENIDO -

Me­gan Fox di­ce que las es­tre­llas y su ma­ter­ni­dad la han cam­bia­do. Y pro­me­te de­jar atrás su la­do más sexy. ¿Le cree­mos?

Vuel­ve la más desea­da

Hay mu­cho pa­san­do en la vi­da de Me­gan: vi­ve sus pri­me­ros me­ses de em­ba­ra­zo, se cam­bió de ca­sa, cría a sus hi­jos y con­lle­va una re­la­ción que se da­ba por ter­mi­na­da. To­do es­to, cuan­do se aca­ba de es­tre­nar la se­gun­da par­te de Las Tor­tu­gas Nin­ja, y nue­vos pro­yec­tos, tan­to ci­ne­ma­to­grá­fi­cos co­mo te­le­vi­si­vos, es­tán cer­ca. La be­lle­za holly­woo­den­se se apo­ya en su fa­mi­lia y en la si­co­lo­gía pa­ra en­con­trar el equi­li­brio, y tam­bién pa­ra de­jar los es­te­reo­ti­pos en el pa­sa­do. Una gue­rre­ra es­pi­ri­tual, esa es la nue­va Me­gan Fox. Con 30 años re­cién cum­pli­dos y un ter­cer hi­jo en ca­mino, la ac­triz quie­re de­jar a la “sex sym­bol” atrás. Su per­so­na­je en Trans­for­mers, Mi­kae­la Ba­nes, la con­vir­tió en un ícono de la sen­sua­li­dad, pe­ro aho­ra, ca­si 10 años des­pués, se con­cen­tra en su rol de ma­dre. “Mis ni­ños no pue­den se­pa­rar aún lo que ven en la pan­ta­lla de la reali­dad”, ex­pli­ca. Es por eso que ac­tual­men­te bus­ca li­mi­tar sus par­ti­ci­pa­cio­nes a pe­lí­cu­las que sean de ac­ción o fa­mi­lia­res, y así de­jar de ha­cer pa­pe­les tan “su­ge­ren­tes”, co­mo ella mis­ma de­fi­ne.

To­da de­ci­sión que to­ma es pen­san­do en ellos: Noah, de 3 años, Bod­hi de 2, y el nue­vo in­te­gran­te que se apro­xi­ma. De he­cho, se aca­ba de mu­dar de ba­rrio en Los An­ge­les por pe­ti­ción de es­te úl­ti­mo. Fox es­tu­dia astrología y cree fir­me­men­te en las co­ne­xio­nes si­co­ló­gi­cas, así que, aun­que su be­bé no pue­da ha­blar­le, se co­mu­ni­ca­ría de otras ma­ne­ras des­de su vien­tre. Pa­ra mu­chos, al­go des­ca­be­lla­do, pe­ro Brian Aus­tin Green la apo­ya y se su­mó al cam­bio de ca­sa. La pa­re­ja si­gue con­vi­vien­do aun­que en agos­to del año pa­sa­do ella pre­sen­tó una de­man­da de di­vor­cio…

Se­gún los me­dios es­ta­dou­ni­den­ses, la re­con­ci­lia­ción es­tá cer­ca.

Me­gan Fox se con­si­de­ra a sí mis­ma una lu­cha­do­ra, ya que criar a sus hi­jos y tra­ba­jar al mis­mo tiem­po le ha cos­ta­do mu­cho. Sin em­bar­go, la op­ción de de­jar de ac­tuar no pa­sa por su ca­be­za. Es par­te de va­rios pro­yec­tos ac­tual­men­te, y en­tre ellos es­tá su re­gre­so a la pan­ta­lla gran­de co­mo April O’neil, la pe­rio­dis­ta que ayu­da nue­va­men­te a Las Tor­tu­gas Nin­jas en su se­cue­la. La cin­ta aca­ba de es­tre­nar­se en Chi­le, y aun­que Fox no lo quie­ra si­gue de­jan­do a sus es­pec­ta­do­res em­bo­ba­dos.

—Eres una sex sym­bol des­de ha­ce mu­chos años, ¿có­mo reac­cio­nan los hom­bres cuan­do te co­no­cen?

—Ge­ne­ral­men­te los pon­go ner­vio­sos, por­que soy muy aser­ti­va y di­rec­ta. Mu­chos de ellos no es­tán acos­tum­bra­dos a eso. —¿Siem­pre has si­do así? —Creo que esa siem­pre he si­do yo. In­clu­so cuan­do ni­ña, to­da mi vi­da fui muy fuer­te y aser­ti­va. Des­de muy pe­que­ña me di­cen que ten­go una per­so­na­li­dad bas­tan­te mas­cu­li­na. Y de don­de yo soy, las mu­je­res son dis­tin­tas, co­mo si fue­ran pe­que­ñas y de­li­ca­das flo­res. Yo, en cam­bio, siem­pre he si­do muy dis­pa­ra­ta­da.

—¿Qué crees que es im­por­tan­te que la gen­te se­pa de ti?

—Pa­ra mí es im­por­tan­te ha­cer­le sa­ber a la gen­te que no soy una chi­ca ton­ta. Soy muy in­te­li­gen­te, y no pa­sa­rán por en­ci­ma de mí. Me en­can­ta reír y di­ver­tir­me con el res­to, pe­ro siem­pre he sen­ti­do que es ne­ce­sa­rio que ha­ya cier­to ni­vel de res­pe­to.

—Es­tu­dias astrología, ¿cier­to?, ¿qué te atrae de eso?

—Que re­ve­la la si­co­lo­gía in­ter­na de las per­so­nas, eso me fas­ci­na.

—¿En qué as­pec­to la se­cue­la de Las Tor­tu­gas Nin­ja se di­fe­ren­cia de la pri­me­ra?

—Es mu­cho más ale­gre. Es más có­mi­ca y fa­mi­liar. La pri­me­ra era un po­co más os­cu­ra. Tam­bién, és­ta fue más fá­cil de gra­bar, te­nían to­do muy bien pre­pa­ra­do. So­la­men­te ha­bía

ME­GAN VI­VE SU EM­BA­RA­ZO ACOM­PA­ÑA­DA POR BRIAN AUS­TIN GREEN. SI BIEN ES­TA­BAN DIVORCIÁNDOSE, LOS RU­MO­RES DE UNA RE­CON­CI­LIA­CIÓN SON FUER­TES.

que lle­gar, no ha­bía na­da que des­ci­frar mien­tras se es­ta­ba en el set.

—¿Tra­jis­te a tus hi­jos al set de es­ta pe­lí­cu­la?

—No. No es un lu­gar di­ver­ti­do pa­ra los ni­ños. Hay bor­des afi­la­dos en to­das par­tes. Y en reali­dad, quie­ro que mis hi­jos vi­van su pro­pia vi­da.

—¿Có­mo va tu em­ba­ra­zo? ¿Es una ven­ta­ja o una des­ven­ta­ja ser una ma­dre tra­ba­ja­do­ra en Holly­wood?

—Es in­tere­san­te: es más di­fí­cil ser una ma­dre tra­ba­ja­do­ra en Holly­wood. Sim­ple­men­te, por las ho­ras que tie­nes que es­tar en es­to. No es un ho­ra­rio de 9 a 5. Usual­men­te es mu­cho más lar­go, y eso es lo que lo ha­ce com­pli­ca­do. Mu­cha gen­te en­car­ga­da de los tiem­pos no lo en­tien­de.

—En­ton­ces, ¿es­tás di­cien­do que es una des­ven­ta­ja?

—Has­ta cier­to pun­to, sí. Sin em­bar­go, so­la­men­te es­tás así de ocu­pa­da un par de me­ses al año. Lue­go, hay mu­cho tiem­po en el que no es­tás tra­ba­jan­do. Por lo tan­to, en al­gu­nos pun­tos es muy di­fí­cil, pe­ro en otros es in­clu­so más fá­cil.

—¿Cuál es tu opi­nión de las ma­dres tra­ba­ja­do­ras en ge­ne­ral?

—Ser una ma­má que tra­ba­ja es al­go que rom­pe el co­ra­zón, por­que quie­res es­tar con tus hi­jos y es­tar lo más in­vo­lu­cra­da que pue­das. Y eso no es rea­lis­ta en el mun­do mo­derno, don­de hom­bres y mu­je­res tie­nen ca­rre­ras. No es po­si­ble sim­ple­men­te que­dar­te en ca­sa con tus hi­jos.

—¿Al­gu­na vez pen­sas­te en de­jar tu ca­rre­ra pa­ra así que­dar­te en ca­sa con tus hi­jos?

—No, nun­ca que­rría de­jar mi ca­rre­ra o mi tra­ba­jo por­que es par­te de quien soy. Y mis ni­ños quie­ren que sea yo mis­ma. Es por eso que sa­lie­ron de mí, en pri­mer lu­gar. Ellos quie­ren ex­pe­ri­men­tar­me co­mo ma­dre, creo to­tal­men­te en eso. —Pa­re­ce ser un ba­lan­ce muy fino… —Es una lí­nea muy fi­na en la que se ca­mi­na. Pue­de ser una des­ven­ta­ja si eres una per­so­na sú­per am­bi­cio­sa que quie­re tra­ba­jar mu­cho.

“AHO­RA TEN­GO GA­NAS DE SER PAR­TE DE PE­LÍ­CU­LAS FA­MI­LIA­RES, POR­QUE CO­MO MA­MÁ NO QUIE­RO RE­PRE­SEN­TAR OTROS RO­LES DON­DE DE­BA HA­CER CO­SAS QUE JA­MÁS QUE­RRÍA QUE MIS HI­JOS VIE­RAN”.

—¿Es­tás bus­can­do un tra­ba­jo que te man­ten­ga cer­ca de tu fa­mi­lia, co­mo el que tu­vis­te con tu par­ti­ci­pa­ción en New Girl?

—Cla­ro, esa fue una ra­zón. Era don­de yo vi­vía, lo que lo hi­zo mu­cho más fá­cil pa­ra mí. Y ade­más, creo que el show es real­men­te gra­cio­so. Ten­go un sen­ti­do del hu­mor ex­tra­ño, así que si al­go me ha­ce reír, sien­to que de­bo ha­cer­lo de to­das ma­ne­ras.

—¿Ya ter­mi­nas­te tu pro­yec­to Ze­ro­vi­lle?

—Sí, ter­mi­na­mos. Es un pro­yec­to jun­to a Ja­mes Fran­co, ba­sa­do en un li­bro. Mi per­so­na­je es una ac­triz nar­ci­sis­ta y un po­co bi­po­lar. Tie­ne de­mo­nios, y tie­ne un hi­jo al que es­tá des­pre­cian­do. El es­pec­ta­dor ve có­mo esa mu­jer se de­sin­te­gra en la pe­lí­cu­la. Pe­ro Ja­mes le in­fun­de al­go de hu­mor. En el li­bro es una la­ti­na, pe­ro en el li­bre­to de la cin­ta no hay es­pa­ñol. Si lo hu­bie­sen ne­ce­si­ta­do, yo ha­bría apren­di­do. Y bueno, Ja­mes, por su par­te, es muy ta­len­to­so y muy, muy in­te­li­gen­te. Su ce­re­bro es­tá en mu­chas par­tes a la vez. No sé có­mo lo ha­ce... ¡pe­ro pa­re­cie­ra que no duer­me nun­ca!

—Si no te mo­les­ta que pre­gun­te, ¿cuán­to tra­ba­jas al año?

—Ge­ne­ral­men­te ha­go dos pe­lí­cu­las al año. Eso se tra­du­ce en seis me­ses de tra­ba­jo. En cam­bio, ha­cer un pro­gra­ma de TV to­ma mu­cho más tiem­po. Es por eso que me gus­ta­ría par­ti­ci­par en un show por un ra­to, pe­ro lue­go vol­ver a mi otra vi­da.

—¿Pe­ro ha­rías un pro­gra­ma de te­le­vi­sión por una tem­po­ra­da com­ple­ta?

Su­pon­go que lo ha­ría… si es que lle­ga el pro­yec­to in­di­ca­do, lo ha­ría. Pe­ro real­men­te ten­go que que­rer­lo.

—¿Có­mo com­ba­tes el ar­gu­men­to de que la ma­yo­ría de las ve­ces apa­re­ces en pe­lí­cu­las por­que eres, an­te to­do, bo­ni­ta?

—No lo com­ba­to. Es lo que es. Si real­men­te me guia­ra por la opi­nión de otras per­so­nas, me sen­ti­ría pre­sio­na­da. Pe­ro no lo es­toy, y no me im­por­ta tan­to. Siem­pre tra­to de des­apro­bar ese es­te­reo­ti­po, pe­ro mu­chas ve­ces te en­ca­si­llan.

—¿Cuál es tu ob­je­ti­vo prin­ci­pal cuan­do vas a tra­ba­jar?

—Quie­ro pa­sar­lo bien y dis­fru­tar. Esa es la cla­ve. Y si no lo es­toy ha­cien­do, con gra­cia ca­mi­na­ré a la sa­li­da. Só­lo es un em­pleo.

—Al ser ma­má, ¿te dan más ga­nas de ser par­te de pe­lí­cu­las fa­mi­lia­res co­mo Las Tor­tu­gas Nin­ja?

—Sí, y es­pe­cial­men­te por­que co­mo ma­má no quie­res re­pre­sen­tar cier­tos ro­les don­de de­bes ha­cer co­sas que ja­más que­rrías que tus hi­jos vie­ran. Creo que los ni­ños nun­ca de­be­rían ex­po­ner­se a cier­tas ac­tua­cio­nes que otros ha­cen en pan­ta­lla. —¿Co­mo qué? —Por ejem­plo, hay un pro­yec­to de HBO que se cen­tra en la vi­da de una pros­ti­tu­ta. Y tie­ne imá­ge­nes de se­xo muy grá­fi­cas. Son de­ni­gran­tes pa­ra la mu­jer que da vi­da al per­so­na­je. Es ca­si por­no­grá­fi­co. Y eso es al­go que no quie­ro que mis hi­jos vean nun­ca. Mis ni­ños no pue­den se­pa­rar aún esas ex­pe­rien­cias de la reali­dad.

“PA­RA MÍ ES IM­POR­TAN­TE HA­CER­LE SA­BER A LA GEN­TE QUE NO SOY UNA CHI­CA TON­TA. SOY MUY IN­TE­LI­GEN­TE, Y NO PA­SA­RÁN POR EN­CI­MA DE MÍ”.

Cré­di­tos: Suzy Ma­loy / The In­ter­view Peo­ple Adap­ta­ción: Ma­ría Fer­nan­da Mo­ra­les P.

Tor­tu­gas Nin­ja 2: fue­ra de las som­bras es­tre­nó es­te 2 de ju­nio en los ci­nes chi­le­nos.

La ac­triz se su­ma a la quin­ta tem­po­ra­da de New Girl, de Fox.

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