EN RENGO SE SA­CA­RON

EL PRE­MIA­DO CON EL “REY DEL BINGO”

La Cuarta - Aniversario - - La Cuarta -

“Te lle­na el al­ma ver a la gen­te fe­liz, eso no tie­ne nom­bre. Ca­mi­nas por la vi­da se­gu­ro y mi­ras las co­sas de otra ma­ne­ra”.

Re­na­to Díaz tie­ne 35 años y ya se con­vi r tió en to­da una per­so­na­li­dad en Rengo. Y no pre­ci­sa­men­te por pin­tar el mono en la te­le ni dar ju­go po­pu­lis­ta en el mun­do po­li­ti­que­ro. El ído­lo pop lle­va la ba­tu­ta en ca­si to­das las ac­ti­vi­da­des be­né­fi­cas pa­ra los más ne­ce­si­ta­dos de esa co­mu­na de la Re­gión de O’Hig­gins.

La pe­ga so­li­da­ria del guar­dia de se­gu­ri­dad en un lo­cal de má­qui­nas de jue­go no es al lo­te: ca­da vez que al­gún ve­cino es­tá en pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, or­ga­ni­za ri­fas o bin­gos pa­ra ob­te­ner re­cur­sos que los ayu­den a sa­lir ade­lan­te.

El com­pa­dre, que vi­ve con su se­ño­ra y un hi­jo en la ca­sa de sus sue­gros, en la Po­bla­ción Na­ran­jal, par­tió con su cru­za­da tras par­ti­ci­par en una campaña be­né­fi­ca en el nor­te del país.

Y ya na­die lo pa­ra. Has­ta la fe­cha ha rea­li­za­do más de 15 cam­pa­ño­nes en be­ne­fi­cio de los más desposeídos. In­clu­so, creó un gru­po de­no­mi­na­do “Ami­gos So­li­da­rios”, en el que con­vo­ca a más per- so­nas en la no­ble mi­sión de ayu­dar.

- ¿ Có­mo na­ce la idea de ayu­dar, es­ti­ma­do?

- La idea na­ce lue­go de ver ca­sos que me l l ama­ron l a aten­ción y me cau­sa­ron mu­cha pe­na. En­ton­ces, em­pe­cé a jun­tar­me con ami­gos y de­ci­dí co­men­zar a ayu­dar, so­bre to­do en lo que pa­só con la gen­te de nor­te con el te­rre­mo­to; des­pués vi­nie­ron los tem­po­ra­les en Rengo y em­pe­cé a jun­tar ro­pa. La gen­te co­men­zó a se­guir­me a tra­vés de las re­des so­cia­les y a fe­li­ci­tar­me, y otros a bus­car­me pa­ra ayu­dar, y así fui ga­nan­do fa­ma.

- ¿ Qué sig­ni­fi­ca pa­ra ti ayu­dar?

- Pa­ra mí, es es­tar ha­cien­do lo co­rrec­to. Con es­to no tie­nes tiem­po pa­ra ha­cer na- da ma­lo; le en­se­ñas a tu hi­jo a ser so­li­da­rio y ayu­dar es una pa­la­bra muy lin­da: te lle­na el al­ma al ver a otra gen­te fel iz , e so no tie­ne nom­bre. Ca­mi­nas por la vi­da se­gu­ro y mi­ras las co­sas de otra ma­ne­ra.

- ¿ Tú sue­les ha­cer mu­chas ri­fas?

- Cuan­do son ca­sos en que hay que jun­tar di­ne­ro re­cu­rro a bin­gos, ri­fas; aho­ra es­toy ha­cien­do via­jes a “Mo­ran­dé con Com­pa­ñía” y to­do lo re­cau­da­do es pa­ra ayu­dar a per­so­nas ne­ce­si­ta­das.

- Tie­nes apo­yo de ar­tis­tas y de­por­tis­tas...

- Sí, por ejem­plo, Mi­gue­li­to siem­pre nos sa­lu­da, ade­más de chi­cos reality y fut­bol i s tas, so­bre to­do de Uni­ver­si­dad Ca­tó­li­ca.

- ¿ A cuán­tas per­so­nas has ayu­da­do?

- No es­toy preo­cu­pa­do de con­tar­las, pe­ro unien­do vo­lun­ta­des he­mos ayu­da­do a dos cam­pa­men­tos, dán­do­les ro­pa, or­ga­ni­zan­do com­ple­ta­das...

- ¿ Cuál es el ca­so más im­pac­tan­te pa­ra ti?

- Sin du­da, el de Ga­briel, un ni­ño de sie­te años que ba­jó del fur­gón es­co­lar ( que lo de­jó le­jos de su ca­sa) y lo atro­pe­lló un co­lec­ti­vo. Su vi­da cam­bió e hi­ci­mos una campaña pa­ra ayu­dar a cos­tear sus gas­tos; hi­ci­mos ri­fas, bin­gos, ade­más le pa­vi­men­ta­mos el pa­tio de su ca­sa, por­que Ga­briel te­nía que an­dar en si­lla de rue­das.

- ¿ Có­mo te di­ce la gen­te?

- No es­toy a su al­tu­ra, pe­ro me di­cen: “We­na, don Fran­cis­co”.

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