Fanny Fu­ror la­tino rom­pe cuo­res en las “Uro­pas”

La ex chi­ca reality no la pen­só dos ve­ces y, lue­go de ter­mi­nar sus es­tu­dios de lo­cu­ción, se man­dó a cam­biar al Vie­jo Mun­do, don­de es­ta­rá has­ta fi­na­les de año. En to­tal, se­rán mas de tres me­ses, los que ha dis­fru­ta­do a con­cho, de­lei­tan­do a los eu­ro­peos con

La Cuarta Espectacular - - ESP -

Lle­va un po­co más de dos me­ses pu­lu­lan­do por Eu­ro­pa, y la be­lla mo­ro­cha Fanny Cue­vas no es­tá ni cer­ca de que­rer de­vol­ver­se. Ha­ce po­qui­to se man­dó un ho­me­na­je al más pu­ro es­ti­lo de “JLo” y le ase­gu­ró a ESP que “he cre­ci­do co­mo per­so­na en es­te via­je”.

- ¿Cuál ha si­do su ho­ja de ruta por el Vie­jo Con­ti­nen­te?

- An­do so­la. Co­men­cé mi via­je en Ma­drid, Es­pa­ña, vi­si­tan­do los mo­nu­men­tos y pa­la­cios más em­ble­má­ti­cos. Lue­go, me pa­sé a Ale­ma­nia, don­de es­tu­ve en Frank­furt y Ber­lín, co­no­cien­do su his­to­ria. Tam­bién fui a Fran­cia, Pa­rís en es­pe­cí­fi­co, la ciu­dad del amor, que sen­ci­lla­men­te me con­quis­tó.

- ¿Se que­dó en al­gu­na par­te más de una no­che? - Me ra­di­qué en Áms­ter­dam, por­que me enamo­re de su paz y su tran­qui­li­dad. Sal­té a Sue­cia, ahí es­tu­ve en Norrkö­ping y Es­to­col­mo, don­de me pu­se a me­di­tar en el frío del nor­te de Eu­ro­pa.

- ¿Y aho­ra, por dón­de an­da?

- Aho­ra me en­cuen­tro en Bil­bao, nor­te de Es­pa­ña, don­de vi­ne a co­no­cer la cul­tu­ra vas­ca y sus cos­tum­bres.

- ¿To­do fue por va­ca­cio­nes?

- Por vi­vir una aven­tu­ra, y es­ta ha si­do la más lo­ca y más her­mo­sa que he vi­vi­do. Me sien­to li­bre, en paz... co­no­cer to­dos es­tos paí­ses y sus dis­tin­tas cul­tu­ras me han he­cho cre­cer, he ma­du­ra­do y apren­di­do el va­lor y el sen­ti­do de la vi­da, co­mo la­ti­na me han apre­cia­do co­mo un te­so­ro.

- ¿Le ha­cen mu­chos oji­tos por alla­to?

- Ja­ja­já, hay que pro­bar de to­do, di­cen. Me ha to­ca­do de­jar más de un co­ra­zón ro­to en ca­da puer­to, co­mo una ver­da­de­ra pi­ra­ta.

- De­jan­do la va­ra al­ta... - He te­ni­do aven­tu­ras de so­bra pa­ra con­tar, pe­ro creo que no ter­mi­na­ría nun­ca, es­toy agra­de­ci­da de Dios por es­ta ben­di­ción que no es pa­ra to­dos, por­que de ver­dad hay que ser muy va­lien­te, te­ner hue­vos, co­jo­nes o co­mo quie­ran lla­mar­lo.

“Me ha to­ca­do de­jar más de un co­ra­zón ro­to en ca­da puer­to, co­mo una pi­ra­ta”. Fanny Cue­vas, ha­cien­do pa­tria.

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