Sa­ca­ron tra­pi­tos los al sol de Vi­ña

So­bre el es­ce­na­rio de la Quin­ta co­que­tean, se ti­ran ta­llas y son pu­ra com­pli­ci­dad. Cl que por la for­ma­li­dad del even­to, hay cier­tas co­sas que no se pue­den de­cir abier­ta­men­te y pa’ li­be­rar esos se­cre­tos, ESP me­tió la pun­ta y desafió a los ani­ma­do­res de Viñ

La Cuarta Espectacular - - ESP -

En “La Mañana de Chi­le­vi­sión”, Ca­ro­la de Mo­ras ha desa­rro­lla­do más que nun­ca ese la­do más in­ci­si­vo, el de ha­cer pre­gun­tas al hue­so, de esas que in­co­mo­dan. Cla­ro que lo su­yo siem­pre ha es­ta­do más des­de el otro la­do, el de dar las en­tre­vis­tas.

Y apro­ve­chán­do­se de eso, el Ra­fa no tu­vo pie­dad con su com­pa­ñe­ra de tra­ba­jo, y la bom­bar­deó con un cues­tio­na­rio bien ju­go­so, al que la ma­ni­quí tra­tó de sa­car­le el cuer­po, pe­ro sin­ce­ra­men­te no pu­do...

Co­mo en sus me­jo­res tiem­pos de re­por­te­ro, Ara­ne­da des­em­pol­vó la gra­ba­do­ra y des­en­fun­dó sus pre­gun­tas. Así se desem­pe­ñó el “tío con­duc­tor” en su re­gre­so al re­por­teo du­ro... - Ca­ro­li­ta, mi ni­ña lin­da, mi chi­qui­lla que­ri­da... - Ya, ya ya... Tan­ta bue­na on­da me pa­re­ce sos­pe­cho­sa. Me­jor vamos al grano. - Ca­ro­la, ¿es ver­dad que tu cá­ba­la pa­ra la pri­me­ra no­che es usar chu­rri­nes ama­ri­llos? - ¡Quién te di­jo eso! Yo siem­pre uso chu­rri­nes blan­cos con blon­da, pa’ que se­pan... - De to­dos los ves­ti­dos que vas a lu­cir en la Quin­ta Ver­ga­ra. ¿Cuál crees que se­rá el fa­vo­ri­to de la ba­rra mas­cu­li­na? - Me la jue­go con que to­dos los ves­ti­dos van a ser los fa­vo­ri­tos de la gen­te, de­pen­dien­do el gus­to, cla­ro es­tá, pe­ro la idea es de­jar al “Mons­truo” sú­per con­ten­to. - ¿Dón­de ce­le­bras­te “San Va­len­tín”... y con quién? - ¡Per­dóoon! ¿Hu­bo no­che de “San Va­len­tín”? ¿En se­rio? ¿Ya fue, me la per­dí? ¡No te lo pue­do creer! - Caaa­si te creí, Ca­ro­la, ja­ja­já. Pa­ra ir ce­rran­do, ¿qué ar­tis­ta fes­ti­va­le­ro te ha­ce sus­pi­rar? - ¡J Bal­vin! Me gus­ta mu­cho él, me fas­ci­na...

- A veeer... ¿y por qué tan­to?

- Por­que lo en­cuen­tro gua­po, crea­ti­vo, siem­pre a la mo­da y, lo más im­por­tan­te, es un ex­ce­len­te mú­si­co, bue­ní­si­mo.

Ra­fa Ara­ne­da ya es ver­da­de­ra­men­te el due­ño de ca­sa en la Quin­ta Ver­ga­ra. Y co­mo buen an­fi­trión, siem­pre es­tá dis­pues­to a te­ner una char­la con los ági­les de la pren­sa, quie­nes lo so­li­ci­tan de ma­ne­ra per­ma­nen­te en los días fes­ti­va­le­ros.

Cla­ro que aho­ra la res­pon­sa­bi­li­dad de ha­cer las pre­gun­tas no es de un pe­rio­dis­ta, sino de al­guien que le co­no­ce más se­cre­tos que na­die, su com­pa­ñe­ra de es­ce­na­rio y de ma­ti­nal, la ri­car­da Ca­ro­li­na de Mo­ras. Ju­ga­da co­mo siem­pre, la dio­sa tu­vo en­tre las cuer­das al “mic” grue­so del Fes­ti­val, que no lo pa­só tan bien con las in­ti­mi­da­des que tra­tó de re­ve­lar su so­cia. - ¿Es ver­dad que des­pués de bai­lar con Pa­me­la An­der­son tu­vis­te que dor­mir una se­ma­na con tus pe­rros? - Po­dría ha­ber su­ce­di­do, pe­ro gra­cias a Dios no pa­só. Fi­nal­men­te, Mar­ce­la en­ten­dió que era par­te del di­fí­cil tra­ba­jo del obre­ro de las co­mu­ni­ca­cio­nes, un obre­ro que es­ta­rá dis­pues­to a po­sar sus la­bios so­bre los su­yos, adu­cien­do el mis­mo com­pro­mi­so que asu­mí con Pa­me­la en ese mo­men­to. - ¡Oye, no te subai por el cho­rro! Eso só­lo va a pa­sar si la gen­te lo pi­de... - De eso, me en­car­go yo. - ¿Tu me­jor chas­ca­rro fes­ti­va­le­ro en es­tos 7 años de Quin­ta? - Us­ted fue tes­ti­go, Ca­ro­li­ta... La bro­mi­ta que le gas­té a Ser­gio Arias el año pa­sa­do, cuan­do me pres­ta­ron la cá­ma­ra hi­per­bá­ri­ca. Ser­gio sa­bía que cos­ta­ba abrir­la pa­ra sa­lir, y él se fue un ra­to y yo le em­pe­cé a es­cri­bir men­sa­jes co­mo si me es­tu­vie­se mu­rien­do en­ce­rra­do allí, ja­ja­já. Él lle­gó con una ca­ra de pá­ni­co y cuan­do me vio afue­ra y le di­je “só­lo era una bro­mi­ta”, ¡me que­ría ma­tar! - ¿Es cier­to que el re­me­zón del 14 de fe­bre­ro tu­vo epi­cen­tro en la pie­za que com­par­tes con la Mar­ce­li­ta? - ¡Ja­ja­já! Al­go me co­men­ta­ron. Si así fue, pi­do dis­cul­pas. - ¿Qué te gus­ta mi­rar­le más a las chi­qui­llas: fron­tis o re­ta­guar­dia? - Lo más im­por­tan­te pa­ra mí es la mi­ra­da, el res­to es ac­ce­so­rio. Por al­go es­toy con mi mu­jer, que me ma­tó con esos ojos azu­les... ¡des­pués me di cuen­ta de otras co­sas que son muy bo­ni­tas, ja­ja­já!

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