Doc­tor Ca­ri­ño:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

No aguan­té la sed y me to­mé cua­tro che­las de li­tro en la ca­sa de una ve­ci­na. Es­ta­ba tris­te, por­que ha­bía ter­mi­na­do con su ma­ri­do y fue a bus­car a mi se­ño­ra pa­ra que la acom­pa­ña­ra, pe­ro no es­ta­ba. Co­mo la vi con lá­gri­mas la abra­cé y la con­so­lé un ra­ti­to. Pe­ro el ca­lor y la si­tua­ción me hi­cie­ron be­ber más de la cuen­ta. Cuen­to cor­to, me fui a la cres­ta: ter­mi­né a po­to­pe en­ca­tra­do con la mi­na. Ella se pu­so a gri­tar de llan­to por lo que ha­bía he­cho, y aho­ra ame­na­zó con con­tar­le a mi es­po­sa. No sé qué ha­cer y ten­go una gua­guï­ta re­cién na­ci­da. No quie­ro per­der a mi fa­mi­lia. So­co­rro doc­tor.

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