Mi ni­ñi­ta:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA - Sus con­sul­tas y dra­mas de ti­po amo­ro­so y de ca­che­teo, las en­vía a: doc­tor­ca­rino@la­cuar­ta.cl

No se pon­ga gil, si en el amor no hay edad. Su prín­ci­pe azul se ha de­mo­ra­do, por­que se­gu­ra­men­te el ca­ba­llo que tie­ne es cor­ne­ta y ca­bal­ga me­nos que abue­li­to sin Via­gra. Lo que le quie­ro de­cir es que de­be te­ner pa­cien­cia. Lo de su as­pec­to fí­si­co es se­cun­da­rio, siem­pre una mu­jer es be­lla. Mi­re. Yo ten­go la man­sa na­riz e igual me en­con­tré una peu­ca en la vi­da. Pe­ro me aga­rró por sim­pá­ti­co, qui­zás. Por sus pa­la­bras es una da­ma muy dul­ce que lo úni­co que de­be ha­cer por aho­ra es preo­cu­par­se de sus es­tu­dios. Lo del be­so, da lo mis­mo. Me­jor que es­pe­re a que le to­que un ton­tón con un gua­rén en el ho­ci. To­do a su tiem­po, y pien­se que a to­dos les sa­le el sol, mi vi­da. Tran­qui­li­ta por las pie­dras.

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