Doc­tor Ca­ri­ño:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Por Fa­ce­book en­con­tré a mi pri­me­ra po­lo­la. La qui­se mu­cho, pe­ro el tiem­po nos se­pa­ró. El pro­ble­ma es que de pu­ro ca­li­fa se me ocu­rrió es­cri­bir­le. La mi­no­ca me res­pon­dió y me di­jo que es­ta­ba se­pa­ra­da y sin hi­jos. El dia­blo en­tró en mí y me jun­té con ella, pe­ro no sa­bía que iba a ser tan ex­tra­ño y ex­ci­tan­te: la mi­na me lle­vó a un mo­tel, me ama­rró a una ca­ma y me dio co­mo ca­ja a pun­ta de la­ti­ga­zos.

Aho­ra en mi ca­sa no me cre­ye­ron que me ha­bían asal­ta­do, y la pier­na me lla­ma to­dos los días pa­ra ame­na­zar­me que se va a en­con­trar con mi señora pa­ra con­tar­le to­do. Lo pen­ca de es­to es que me que­dó gus­tan­do la ex­pe­rien­cia bru­ta. MAR­CO

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