Mi pe­rri­to:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

De pu­ro ca­lien­te y por an­dar za­pa­tean­do en otra fon­da que­dó prin­ga­do. Cla­ro, se­gu­ra­men­te su ami­ga con ven­ta­ja tie­ne unas cuan­tas ven­ta­jas más por otro li­tro que le pe­gó al­gún en­gen­dro en la que cuel­ga y a su vez us­ted se lo tras­pa­só a su no­via. Lo pen­ca es que el mé­di­co lo fu­nó, pues po­dría ha­ber di­cho que se con­ta­gió ha­cien­do un pi­pí o ca­cú en un ba­ño, pe­ro lo ma­tó con la in­fi­de­li­dad. Así que es­pe­re un po­qui­to, me­jó­re­se, har­to Ta­nax y des­pués con­cu­rra don­de la mu­jer y arro­di­lla­do le pi­de per­dón. Ella no se me­re­ce eso y na­die per­do­na una in­fi­de­li­dad de ese ti­po. Es­tá pe­lu­da la co­sa, pe­ro si es hu­mil­de y re­co­no­ce el flor de con­do­ro que se pe­gó, ca­paz que se sal­ve. Pe­ro es­tá más pe­lu­do que la bar­ba de mi tai­ta.

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