Doc­tor Ca­ri­ño:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Mi ma­má me pre­sen­tó a la hi­ja de una ami­ga de ella, por­que no ten­go po­lo­la. No sé có­mo de­cir­le que no es­toy ni ahí con la ca­bra sino que me gus­ta la vie­ja. Se lo ju­ro doc­tor, es que la se­ño­ra es­tá te­rri­ble de en­chu­la­da, es jo­ven y me ti­ra los co­rri­dos ca­da vez que va a la ca­sa a ver a mi vie­ja. Pe­ro mi ma­mi­ta in­sis­te en me­ter­me a la ca­bra chi­ca que no me gus­ta. La ve­te­ra­na, con mu­cho res­pe­to, es­tá pe­ro pa­ra chu­par­se los de­dos y ella sa­be que es­toy ver­de. Nun­ca he po­lo­lea­do, pe­ro no sé si ju­gár­me­la por aque­lla mu­jer de las ca­si cin­co dé­ca­das o bus­car por otro la­do. Ayú­de­me.

JOA­QUÍN Joa­co:

Pri­me­ro que to­do, de­bo se­ña­lar­le que si se me­te con la hem­bra ma­yor, va a tener que afir­mar­se bien los pan­ta­lo­nes, por­que lo van a dar vuel­ta de un pu­ro pier­na­zo. Va a que­dar más se­co que pes­ca­do de ce­rro y des­pués lo van a de­jar bo­ta­do. Dí­ga­le al to­que a su ma­dre que le gus­ta la vie­ju­ja y que ella le ti­ra los cor­tes. Si tie­ne con­fian­za con su pro­ge­ni­to­ra, creo que es lo me­jor, pri­me­ro pa­ra que no le en­ca­le­te a ca­da ra­to la per­ge­nia, y lo más im­por­tan­te, pa­ra que no se sor­pren­da cuan­do se en­cuen­tre con su hi­jo y su ami­ga ju­gan­do al caballito en pleno li­ving.

Po­nién­do­se se­rio, creo que de­be­ría bus­car una al­ter­na­ti­va acor­de a su edad. Lo de la ve­te­ra­na es por­que le ca­lien­ta la so­pa no­más. Pe­ro pu­ro pro­ble­ma. Es ho­ra de que abra los ojos y pien­se ma­du­ra­men­te. Evi­te ata­dos.

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