Doc­tor­ci­to:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Es­toy re fe­liz por­que en­con­tré una mu­jer a mi me­di­da. Y es tal cual lo di­go, por­que cal­zo del 50 y ha si­do ru­da la co­sa pa­ra mí, ya que cuan­do lle­ga­mos a los quiu­bos, to­das se echan pa­ra atrás y ahí que­do yo. Y cuan­do sur­ge una va­lien­te y ca­li­fa, al po­co ra­to me di­cen “sa­bís qué más, fla­co, no se pue­de así”. Has­ta que Dio­si­to me hi­zo la gau­cha­da de tan­to pe­dir y me hi­zo co­no­cer a una ca­bra que ape­nas vio lo mío di­jo “¡qué ri­co, eso bus­ca­ba!”. Lo úni­co pen­ca es que ella es sú­per bue­na pa’ reír­se en las fi­las y ca­cho que tie­ne ca­le­ta de mu­ñe­cos con quien ju­gar apar­te de mí. ¿Me vi­ro?

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