QUE­DÓ MÁS SO­LO QUE UN DE’O

AL PRO­FE­TA DE PE­ÑA­LO­LÉN LO DE­JA­RON TO­DAS SUS “ES­PO­SAS’’

La Cuarta - - PORTADA - CARLOS ZÚÑIGA V. @la­cuar­ta_­zu­ni­ga

Fe­liz, pe­ro más só­lo que Rafa Ga­ray ce­le­bran­do el ami­go se­cre­to, se en­cuen­tra por es­tos días Hu­go Mu­ñoz, el re­cor­da­do pro­fe­ta de Pe­ña­lo­lén, que ha­ce un tiempo vi­vía con sus 7 es­po­sas, pe­ro que aho­ra pa­sa sus días en una ca­sa en Pe­dro Agui­rre Cer­da.

Ja­cob, como le gus­ta que lo iden­ti­fi­quen, de­ci­dió lle­var una vi­da so­li­ta­ria en una có­mo­da pie­za, aun­que re­co­no­ce que quie­re lle­var más allá su os­tra­cis­mo y pron­to es­pe­ra ir­se a vi­vir a una cue­va, tal como al­gu­na vez los hi­cie­ron los pro­fe­tas Juan Bau­tis­ta o Elías.

- ¿Por qué de­jar a to­da la pro­le?

- Lo que pa­sa es que ten­go mu­cha ac­ti­vi­dad en San­tia­go, y a mi edad ya ne­ce­si­to des­can­so. Ima­gí­na­te con to­das es­tas mu­je­res jó­ve­nes en una par­ce­la. Hu­bo va­rios con­flic­tos con las ma­dres, por­que las re­la­cio­nes hu­ma­nas son así, de pe­leas, amor y re­con­ci­lia­ción. Mul­ti­pli­ca eso por sie­te. Has­ta el día de hoy las quie­ro, las vi­si­to, pe­ro pa­re­ce que es me­jor aho­ra la co­sa.

- ¿Se ex­tra­ñan?

- Es que no las he de­ja­do, to­dos los días las vi­si­to, con­ver­so con ellas, es­toy preo­cu­pa­do.

- ¿Vie­nen a su ca­sa?

- No, aquí no vie­nen co­mún­men­te.

- ¿Có­mo es la vi­da so­lo?

- Bien, yo vi­vo en el se­gun­do pi­so, y ten­go unos hi­jos y só­lo mi primera se­ño­ra, pe­ro vi­vien­do aba­jo.

- ¿Cuán­to tiempo es­pe­ra se­guir vi­vien­do acá?

- Es que yo es­toy bien y ellas es­tán me­jor. Ca­da una tie­ne su ha­bi­ta­ción, o su ca­si­ta en San­tia­go. Pe­se a la gue­rra que hu­bo, hay res­pe­to y ca­ri­ño, pe­ro yo to­mé dis­tan­cia.

- ¿No ha pen­san­do en es­cri­bir un li­bro con su his­to­ria?

- Ten­go pen­dien­te eso. Yo ten­go mu­cho pa­ra dar, mu­chos men­sa­jes.

- ¿Qué opi­na de la gen­te que lo pe­la?

- No ten­go nin­gún pro­ble­ma, gra­cias a Dios aho­ra son más los que me tie­nen ca­ri­ño que los que me di­cen co­sas feas. To­do ser hu­mano que ten­ga un ideal re­li­gio­so o po­lí­ti­co tie­ne ad­ver­sa­rios.

- La gen­te, me ima­gino, lo re­co­no­ce en la ca­lle...

- En to­dos la­dos, me di­cen maes­tro, pro­fe­ta...

- ¿Y có­mo lo ha­ce pa­ra man­te­ner a su fa­mi­lia XL?

- Afor­tu­na­da­men­te, gra­cias a Dios go­zo de un pri­vi­le­gio. Ten­go al­gu­nos ne­go­ci­tos, si quie­ro me le­van­to tem­prano o tarde, que es un pri­vi­le­gio a mi edad. Ade­más, mis dis­cí­pu­los me dan de la ge­ne­ro­si­dad de su co­ra­zón, por­que no les pi­do ni diez­mo ni ofren­da. Si al­guno quie­re dar­me li­mos­na yo le pi­do, y

me ayu­dan bas­tan­te.

- ¿Qué días se reúne con sus dis­cí­pu­los?

- Só­lo los sá­ba­dos.

- ¿Y dón­de?

- En la ca­lle Lli­co, nos con­gre­ga­mos con las fa­mi­lias pa­ra se­guir ade­lan­te.

- ¿Cuán­tas per­so­nas se reúnen?

- Mi­ra, por una ley de Dios no voy a de­cir­te, por­que es un pe­ca­do con­tar las ove­jas, lo dice la Bi­blia.

- ¿Es ver­dad que vivirá como er­mi­ta­ño?

- Siempre mi sue­ño ha si­do eso, vi­vir en una cue­vi­ta en la mon­ta­ña. De he­cho en­con­tré una cue­va, ca­mino a Me­li­pi­lla, pe­ro no es lo ideal, quie­ro una cer­ca de mis par­ce­las, en la la­gu­na de Acu­leo.

- ¿Y fal­ta pa’ con­cre­tar­lo?

- Fal­ta or­de­nar al­gu­nas co­sas, ten­go unos te­mas le­ga­les con los tri­bu­na­les por ma­ne­jo con co­pe­te y no pue­do ir­me to­da­vía. Una vez re­suel­to eso quie­ro es­tar en la so­le­dad de una cue­vi­ta. Es una co­sa de pro­fe­tas, como Juan Bau­tis­ta, Elías...

- Des­pués de us­ted, ¿qué vie­ne, Ja­cob?

- Lo que sé por las es­cri­tu­ras, es que el León de la tri­bu Ju­dá es el úl­ti­mo pro­fe­ta en el con­fín de oc­ci­den­te. La na­ción no co­no­ce los men­sa­jes que yo he pre­di­ca­do, y no pue­do lle­gar y de­cir­los, ten­go que te­ner mu­cho tino en eso.

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