Sus mu­je­res y eter­nos dis­cur­sos

La Cuarta - - PAÍS -

Cas­tro se ca­só dos ve­ces y, se­gún sus bió­gra­fos, le iba más que bien con las da­mas. El dia­rio grin­go New York Post se fue al chan­cho por­que in­for­mó que el fi­na­do lle­gó a te­ner aven­tu­ras con más de 35.000 mu­je­res. ¡Diez ve­ces más que Ju­nior Play­boy!

Mir­ta López en su bio­gra­fía con­tó que “in­ten­té ma­tar­lo”. La mu­jer fue es­pía de la CIA y aman­te de Cas­tro, se co­no­cie­ron el 59’ cuan­do ella te­nía 20 años y tu­vie­ron un ro­man­ce de sie­te me­ses. Al re­gre­sar a Nue­va York la in­te­li­gen­cia grin­ga la con­ven­ció de que te­nía que ma­tar al so­cia­lis­ta, por eso en 1960 vol­vió a la is­la con unas píl­do­ras de ve­neno es­con­di­das en un fras­co de cre­ma, pe­ro no fue ca­paz de ase­si­nar­lo. Otra ca­rac­te­rís­ti­ca del fa­lle­ci­do era la lar­ga du­ra­ción de sus dis­cur­sos. El más pro­lon­ga­do du­ró sie­te ho­ras quin­ce mi­nu­tos y lo hi­zo a los 71 años an­te el Par­la­men­to Cu­bano. En 1960 reali­zó una de las char­las más ex­ten­sas de la his­to­ria de la ONU, cuan­do ha­bló cua­tro ho­ras y 29 mi­nu­tos sin pa­rar.

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