Bus­ca por in­ter­net a al­guien só­lo pa’ pa­sar­lo bien

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Es­ti­ma­do doc­tor:

Lo leo to­dos los días y me en­can­ta su for­ma de acon­se­jar, por eso re­cu­rro a us­ted. Ten­go 33 per­las, me se­pa­ré y es­toy a pun­to de di­vor­ciar­me. Ten­go dos ni­ñas y la ver­dad es que no ten­go mu­cha vi­da so­cial real, mis ami­gos es­tán to­dos en su vo­lá y yo ha­go mis co­sas por in­ter­net, has­ta cy­ber se­xo.

No quie­ro un po­lo­lo, só­lo a al­guien con quien sa­lir, pa­sar­lo bien y, de vez en cuan­do, un za­pa­teo en la fon­da.

No me encuentro fea, soy re­lle­ni­ta, pe­ro ten­go lo mío, creo... Y el te­ma es que en in­ter­net es­cri­ben pu­ros ca­sa­dos y no quie­ro ser pa­tas ne­gras, por­que por cul­pa de una zo­rra se aca­bó mi ma­tri­mo­nio y quie­ro ser una dul­ce ove­ji­ta. De he­cho, hay un ad­mi­ra­dor que has­ta me man­dó unos ob­se­quios “se­xua­les” pa­ra dar rien­da al cy­ber za­pa­teo, pe­ro no pa­sa na­da aún. Y no quie­ro ir más allá tam­po­co, por­que no soy zo­rra. ¿Qué me acon­se­ja???

OVE­JI­TA SIMPÁTICA Ove­ja:

Eso de que sea re­lle­ni­ta es lo me­jor que le pue­de pa­sar a un hom­bre. Ca­len­ti­ta, sua­ve y ri­qui­ta pa­ra el mo­men­to del Te­to. Hay don­de afir­mar­se, don­de co­mer car­ne­ci­ta y don­de abra­zar lle­ni­to de amor.

Así que no me ven­ga a ha­cer­se la hu­mil­de con que

“no soy tan fea, soy re­lle­ni­ta’’. Chao. Las re­lle­ni­tas son una go­lo­si­na y ade­más que es­tá cla­ro que la pin­ta im­por­ta una cor­ne­ta. Im­por­ta el cuo­re. Eso es lo que va­le. Y sa­be qué más, eso de “zo­rra” lo di­ce con mu­cho su­fri­mien­to, por­que le hi­cie­ron pi­pí en su ma­cho y se lo lle­va­ron. Y me pa­re­ce vá­li­do que us­ted no quie­ra ser el se­gun­do pla­to de un hom­bre casado. Pe­ro en el cy­ber se­xo no hay más que ilu­sión y una pan­ta­lla.

Jue­gue no­más con el hom­bre, aga­rre los ju­gue­tes que le man­dó y ocú­pe­los has­ta que­dar tur­nia. Pa­ra eso son. Pe­ro no se jun­te con él si es casado. Aho­ra, cla­ra­men­te que en vez de an­dar que­dan­do con los de­dos tie­sos en el com­pu, vá­ya­se con sus ami­gas a to­mar al­gún tra­gui­to, dis­fru­te con las ni­ñas en la pla­za y va­ya a lu­ga­res so­cia­les. Ahí ha­brá un prín­ci­pe azul es­pe­rán­do­la pa­ra que la ame, la res­pe­te y le dé zam­ba ca­nu­ta co­mo le gus­ta­ría a us­ted en vez de uno de plás­ti­co y a pi­las. Cuí­de­se mi vi­da. El amor le lle­ga­rá.

Sus con­sul­tas y dra­mas de ti­po amo­ro­so y de ca­che­teo, las en­vía a: doc­tor­ca­rino@la­cuar­ta.cl

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