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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Na­die me di­jo que me iba a enamo­rar de una mi­na que me de­jó pa­to. Me pi­dió un prés­ta­mo, nun­ca me lo pa­gó. Pe­ro aquí es­toy yo, ba­bean­do, re­cor­dan­do las ve­ces que hi­ci­mos el amor en un as­cen­sor, en una pla­za y cuan­ta co­sa ra­ra. Es que era ul­tra fo­go­sa. Me obli­gó a de­jar a mi se­ño­ra, a mi fa­mi­lia, pa­ra que me fue­ra con ella. Y lo lo­gró has­ta que me hi­zo pe­dir un cré­di­to de cinco mi­llo­nes. Nun­ca lo pa­gó, y el otro día cuan­do fui al sú­per tra­té de pa­gar con un che­que y apa­re­cí en Di­com. Le pre­gun­té, me tra­tó de ma­te­ria­lis­ta y me echó de su de­par­ta­men­to. La lla­mo y no me pes­ca, y más en­ci­ma el otro día la vi con un ti­po más jo­ven me­ta aga­rran­do en la pla­za. Es­toy muer­to, la amo y no sé qué ha­cer.

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