DIO MI­SA CON CHA­LE­CO AN­TI­BA­LAS

GE­RARD OUISSE LLE­VA 30 AÑOS CO­MO PÁ­RRO­CO DE LA CA­PI­LLA QUE LE DA PE­LEA A LA DRO­GA EN LA LE­GUA

La Cuarta - - PORTADA - CAR­LOS ES­CO­BAR @la­cuar­ta_­car­los

Seis ki­ló­me­tros al sur de la Pla­za de Ar­mas, en el co­ra­zón de San Joa­quín, se ubi­ca la po­bla­ción La Le­gua, cu­yo nom­bre se de­be por la dis­tan­cia que tie­ne con el cen­tro de Santiago.

El po­pu­lar ba­rrio na­ció en 1931, con la lle­ga­da de los mi­ne­ros y obre­ros que apre­ta­ron ca­che­te a la ca­pi­tal por la cri­sis del sa­li­tre. Con el pa­so de los años, se ex­pan­dió a lo que hoy es: una po­bla de 2.2 km², con 20 mil ha­bi­tan­tes.

Ca­mi­nar por sus an­gos­tas ca­lles, no es fá­cil. De he­cho, los mis­mos po­bla­do­res re­co­mien­dan no aso­mar la ña­ta por el lu­gar, si no es con gen­te co­no­ci­da. ¿La ra­zón? La zo­na es­tá con­tro­la­da por la de­lin­cuen­cia y el nar­co­trá­fi­co.

BRÍ­GI­DO

Los ha­bi­tan­tes de La Le­gua ase­gu­ran vi­vir fe­li­ces en su ba­rrio. No obs­tan­te, sien­ten una fuer­te es­tig­ma­ti­za­ción por par­te de la so­cie­dad y mie­do por la in­se­gu­ri­dad que ahí se vi­ve cuan­do ban­das ri­va­les se aga­rran a tu­na­zos.

El “Ma­gui­la”, cu­yo nom­bre real pi­dió ser omi­ti­do por te­mor a re­pre­sa­lias, ase­gu­ró a La Cuar­ta que la vi­da en el sec­tor tie­ne co­sas muy ba­ca­nes y otras no tan­tas. “Acá lle­gan pro­fe­sio­na­les de afue­ra a tra­ba­jar por sa­car ade­lan­te a los ni­ños, que son nues­tro fu­tu­ro (ver re­cua­dro.) Y eso se agra­de­ce. Pe­ro lo ma­lo, es que los nar­cos -que no vi­ven en La Le­gua- tie­nen aga­rra­do de los tes­tícu­los a la ju­ven­tud”, ase­gu­ró.

El hom­bre se crió de po­tri­llo en la zo­na. Y se las sa­be to­das, se­gún di­ce. “Los nar­cos lle­gan y le ofre­cen 30 lu­cas dia­rias a los ca­bros chi­cos pa’ que les guar­den la co­caí­na. Sa­ca la cuen­ta: al mes se ha­cen ca­si un pa­lo. ¿Quién les va a de­cir que no? Ade­más, les pa­san pis­to­las a lo­qui­tos de 10 a 16 años pa’ que an­den car­ga­dos, por si las mos­cas”.

El hom­bre sa­peó que al in­te­rior del ba­rrio hay un po­der de fue­go que le ha­ce ti­ri­tar los chi­te­cos blin­da­dos has­ta al más ru­do. Con de­cir que el año pa­sa­do se en­fren­ta­ron ban­das ri­va­les en una ba­la­ce­ra que du­ró cuatro días. “Los co­le­gios es­tu­vie­ron a pun­to de ser eva­cua­dos, pe­se a que las ven­ta­nas son a prue­ba de ba­las”, con­tó un pa­ra­do­cen­te de uno de los cinco es­ta­ble­ci­mien­tos que hay.

El po­bla­dor agre­gó que hay días en que el am­bien­te es te­rri­ble den­so. “Ha­ce tiem­po, uno de los más cho­ros de La Le­gua se fue en la vo­lá y ame­na­zó a un cu­ri­ta. Al fi­nal, el po­bre tu­vo que ha­cer la pro­ce­sión con un cha­le­co an­ti­ba­las pa’ que no se lo pi­tia­ran”, des­cla­si­fi­có.

Ca­lle­jón del

Con ese nom­bre se le co­no­ce a la po­pu­lar ca­lle ubi­ca­da en el sec­tor de “Le­gua Emer­gen­cia”.

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