ACO­SA­DOR TIE­NE CHATO A ÓSCAR GARCÉS

AC­TOR USÓ SUS RE­DES SO­CIA­LES PA­RA ACU­SAR AL MAL­DI­TO QUE NO LO DE­JA TRAN­QUI­LO

La Cuarta - - ESPECTÁCULOS - CLAU­DIA PA­CHE­CO @la­cuar­ta_c­pa­che www.la­cuar­ta.com

Os­car Garcés vi­ve un in­fierno. Ha­ce dos me­ses que es­tá re­ci­bien­do ame­na­zas e in­sul­tos te­le­fó­ni­cos y por la web de un per­so­na­je que el ex chi­co reality iden­ti­fi­ca co­mo Cris­tián C.

Así co­mo le­yó, fue el mis­mo ac­tor quien usó su cuen­ta de Ins­ta­gram pa­ra de­nun­ciar el ace­cho por re­des so­cia­les y por ce­lu­lar ha­ce ya 60 días.

“Cuan­tos li­kes por es­te ni­ñi­to que ame­na­za de muer­te, in­sul­ta y des­pués se es­con­de (...) sorry!!! Pe­ro me abu­rrí de es­tos hom­bres”, ti­peó Garcés, ayer al al­ba.

En con­ver­sa con La Cuar­ta, el ex de Pau­la Bo­lat­ti se desaho­gó de la du­ra si­tua­ción que es­tá vi­vien­do: “Nun­ca uso las re­des pa­ra acu­sar ni de­nun­ciar co­sas, só­lo pa­ra pro­mo­cio­nar mis tra­ba­jos y aho­ra me vi so­bre­pa­sa­do”.

- Igual, fuer­te si­tua­ción la que pa­sas...

- Uno sa­be que vi­ve con criticas por es­ta pe­ga, pe­ro por las re­des so­cia­les, pe­ro cuan­do se con­si­guie­ron mi nú­me­ro per­so­nal, ya es otra co­sa.

- ¿Qué tan in­sis­ten­te es Cris­tián C.?

- Me em­pe­za­ron a lla­mar a las 4 de la ma­ña­na, no me de­ja­ban dor­mir con ame­na­zas de muer­te.

- ¿Có­mo iden­ti­fi­cas al lu­ná­ti­co?

- Una per­so­na me ayu­dó a bus­car­lo, y des­cu­bri­mos que el úl­ti­mo lla­ma­do era del ti­po que ha­ce años me ame­na­za­ba y que yo te­nía blo­quea­do.

- ¿Y ahí te de­ci­dis­te a re­cla­mar por in­ter­net?

- Sí, ahí di­je: “Ya, voy ha­cer al­go”. Y apro­ve­ché la can­ti­dad de se­gui­do­res en Ins­ta­gram, por úl­ti­mo pa­ra que la gen­te se­pa.

- ¿Qué te di­ce el aco­sa­dor?

- Ha­bla de to­da mi fa­mi­lia, no de­ja tí­te­re con ca­be­za y bueno, uno se can­sa. No ten­go por qué to­le­rar cier­tas co­sas.

- ¿Y sa­bes las mo­ti­va­cio­nes?

- Se re­fie­re a to­dos. A mí me tra­ta de vio­la­dor (por una de­nun­cia que re­ci­bí ha­ce años) y mil otras co­sas que no voy a de­cir, pa­ra qué.

- Re­cién co­men­tas­te que no es pri­me­ra vez que te aco­sa...

- Sí, ha­ce co­mo dos años, cuan­do Paulo, mi her­mano (el ar­que­ro de Co­loCo­lo) ju­ga­ba en otro equi­po, em­pe­za­ron. Ahí re­co­noz­co que yo con­tes­ta­ba, me pres­té pa­ra el jue­go, por eso no ale­gué, pe­ro re­cuer­do su ca­ra.

- ¿Se­rá por el fút­bol en­ton­ces?

- No sé, por lo que sea no pue­de ame­na­zar­me de muer­te y aco­sar­me co­mo lo ha­ce. Me re­cuer­da mi pa­sa­do, se acuer­da de mi ma­má ca­da cier­to tiem­po, el úni­co que se es­tá sal­van­do es mi pa­pá. Por eso es­toy bus­can­do el de­re­cho a ré­pli­ca.

- ¡Uuuf!

- Es que uno acep­ta las re­glas del jue­go de ser co­no­ci­do, pe­ro cuan­do ya me­ten a la fa­mi­lia, es otra co­sa. Yo duer­mo con el ce­lu en­cen­di­do, por­que mi her­mano es­tá siem­pre con­cen­tra­do en el fút­bol y vi­vo cer­ca de mis so­bri­nos, pe­ro aho­ra ya no pue­do por­que me lla­man a cual­quier ho­ra con men­sa­jes irre­pro­du­ci­bles.

- ¿Y de­nun­cias­te a Ca­ra­bi­ne­ros?

- Es que uno va a ca­ra­bi­ne­ros, de­ja la cons­tan­cia con to­dos los nom­bres a la vis­ta, los da­tos en Fa­ce­book y su te­lé­fono per­so­nal, que es de don­de me lla­mó la úl­ti­ma vez, tie­nen to­dos los da­tos y na­die ha­ce na­da. Lo úni­co que sé es que nos van a ci­tar a fis­ca­lía.

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