Don Ru­be:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Acá tie­ne que dar­le tiem­po al tiem­po. Lo de su mu­jer es im­pre­sen­ta­ble. Es­tá bien que se enoje por­que lle­gó tar­de, pero no tie­ne por qué sa­car­le la cres­ta a pa­los, ni con las ma­nos ni con na­da. La vio­len­cia en­tre pa­re­jas no de­be exis­tir pa­ra nin­gu­na par­te. Eso es pri­mor­dial, el res­pe­to. Des­pués pien­se lo de la mi­na y de vol­ver a la ca­sa y lo que quie­ra. Pero lo de los gol­pes es gra­ve. Res­pec­to de si pe­car o no, us­ted la tie­ne cla­ri­ta, ama a su mu­jer y no va a re­mo­jar el co­cha­yu­yo pa­ra que des­pués an­de to­do si­co­sea­do. El tiem­po sa­na­rá he­ri­das pa­ra am­bos y pa­ra ello no ha­ga na­da con su co­le­ga. Agra­déz­ca­le in­vi­tán­do­la a co­mer, con unos cho­co­la­ti­tos. Pero no ocu­pe el ña­to al cue­te.

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