Se­rá el hin­cha azul más ta­ti­ta en San Charly

Pa­to To­rres fue a re­ti­rar su en­tra­da a Ñu­ñoa y en la bo­le­te­ría fi­gu­ra­ba un car­tel con su RUT, que es­ta­ba por “or­den”. Así, a sus 52 años alen­ta­rá por los mi­les que que­da­ron fue­ra.

La Cuarta - - DEPORTES - NA­TA­LIA GALAZ A. @la­cuar­ta_n­ga­laz

Ape­nas 700, sin con­tar los in­fil­tra­dos o la pren­sa que pio­la­men­te si­gue con la pa­ti­ta la can­ción “aun­que no ga­ne­mos en la can­cha, es­ta hin­cha­da no te de­ja­rá, ni­caaaa”, ¿le sue­na? Pues bien, en­tre los afor­tu­na­dos con de­dos ve­lo­ces es­tá Pa­to To­rres, igua­li­to que el ac­tor “fo­re­ver young”, quien se­rá el chun­cho con más arru­gas en San Charly.

Para en­ten­der la his­to­ria hay que re­cor­dar que las en­tra­das pa’ los azu­les se pu­sie­ron a la venta el miér­co­les en Pun­to­tic­ket, y ape­nas du­ra­ron dos mi­nu­tos, co­mo una bo­te­lla de agua en las ma­nos de Ki­ke Acu­ña, ¡saaa! ¿El si­guien­te pa­so? Re­ti­rar las ga­lu­chas en las bo­le­te­rías del Na­cio­nal. Co­mo ha­bía que “or­de­nar” el trá­mi­te, las fi­las se se­pa­ra­ron por nú­me­ro de RUT.

“Jus­to me di cuen­ta que uno de los car­te­les em­pe­za­ba con mi cé­du­la. Pre­gun­té si era coin­ci­den­cia y la ni­ña en­car­ga­da me di­jo que no, que es­ta­ba por or­den. Al­ti­ro me em­pe­za­ron a aga­rrar pa’l fi­deo. Se­ré el más ta­ti­ta del clá­si­co, y eso que ape­nas ten­go 52 años”, ex­pli­có el fa­ná­ti­co, due­ño de una em­pre­sa de pu­bli­ci­dad.

-Igual una la­ta que­dar co­mo el más adúl­te­ro... ¡Per­dón, adul­to!

-Ja­ja­já... Es que los ma­yo­res no se atre­ven a ir a un par­ti­do co­mo es­te, de vi­si­ta. Pe­ro no im­por­ta, yo iré con mi fa­mi­lia, mis hi­jos Ca­mi­lo y Pa­blo, y mi es­po­sa Xi­me­na.

-¿Ella tam­bién ape­rra? Qué bien...

-¡Le en­can­ta! Al prin­ci­pio me di­je­ron en el estadio ‘an­das con tu se­ño­ra’, ca­si de for­ma pe­yo­ra­ti­va, pe­ro des­pués me pre­gun­ta­ban por ella, por­que gri­ta, pro­tes­ta, pe­lea con los ár­bi­tros. En el 94 po­lo­leá­ba­mos y nos pro­pu­si­mos se­guir al equi­po por to­dos los es­ta­dios las úl­ti­mas 10 fe­chas. Así, ter­mi­na­mos en El Sal­va­dor, con la co­pa.

-Oja­lá no ha­ya in­ci­den­tes ma­ña­na, en­ton­ces.

-Es lo que es­pe­ra­mos. Ade­más que es­to es para no­so­tros una ac­ti­vi­dad fa­mi­liar, no es so­la­men­te “ir al estadio”. No hay que ci­tar a los hi­jos por What­sapp, lle­gan al­ti­ro y has­ta te­ne­mos un ri­tual con la mis­ma ca­mi­se­ta.

-¿Quién fue el de los de­dos rá­pi­dos?

-Mi hi­jo ma­yor, Pa­blo. Es que él te­nía el link di­rec­to y así no per­dió tiem­po. Fui­mos pri­vi­le­gia­dos y aho­ra pon­dre­mos el aguan­te por los mi­les de hin­chas que que­da­ron fue­ra.

-La úl­ti­ma... ¿Se sien­te jo­ven igual?

-¡To­tal­men­te! Jue­go fút­bol, es­toy en una li­ga, ten­go es­pí­ri­tu jo­ven. Tra­to de ir al gim­na­sio, pe­ro me cues­ta con­ven­cer a mi cuer­po que co­mer bien es ca­si tan im­por­tan­te co­mo ha­cer ejer­ci­cio, ja­ja­já.

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