Joa­co:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Si ha ac­tua­do así sin caer en la ten­ta­ción, es lo más pro­ba­ble que en una pró­xi­ma opor­tu­ni­dad igual se le van a acon­char los meaos. Eso es buen in­di­cio. Eli­mi­ne a la mo­re­na de los con­tac­tos, que se me­ta sus Wat­saaps por el glo­bo y si­ga con su iño­ra y bro­cas fe­liz co­mo per­diz. No ne­ce­si­ta de una sucursal para an­dar ba­cán por la vi­da. Y eso us­ted mis­mi­to lo tie­ne cla­ro. Por al­go no ha con­ver­ti­do an­te tan des­car­na­do es­tí­mu­lo. Si­ga en esa pa­ra­da del hom­bre con el an­ge­li­to en su ca­be­za de arri­ba y le irá muy bien por la vi­da. Aun­que le ju­ro que sé que cues­ta no ser ca­li­fa con otra mu­jer ri­ca pe­ro que no es la ofi­cial.

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