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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

La vie­ja del des­ca­po­ta­ble me tie­ne en­fer­mo. Vi­ve a 10 cua­dras de mi ca­sa y ca­da vez que es­toy re­gan­do el pas­to apa­re­ce ella en el au­to ro­jo y ti­rán­do­me los cor­tes. Pe­ro el vier­nes úl­ti­mo sa­lí con unos ami­gos y me acos­té a las 7 de la ma­ña­na. Igual me le­van­té a re­gar y jus­to pa­só la ve­te­ra­na. Le hi­ce una se­ña y pa­ró. Sin ha­blar na­da apa­gué el agua, la sa­lu­dé y la in­vi­té a pa­sar a mi ca­si­ta. En­tró y a los 10 mi­nu­tos es­tá­ba­mos co­mo Adán y Eva. Pe­ro aho­ra me ofre­ció pla­ta pa­ra es­tar con ella, un pa­lo men­sual, y si quie­re me com­pra un au­to. No es ma­lo, pe­ro me gus­ta una com­pa­ñe­ra de pe­ga.

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