Wal­di­ni:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Y yo que pen­sé que eso del “de­re­cho a per­na­da” se usa­ba en la Edad Me­dia por los se­ño­res feu­da­les o has­ta los años 60 en Chi­li­to, con los pa­tro­nes de fun­do. La co­sa era así: si el sier­vo se iba a ca­sar, la pri­me­ra no­che de la mu­jer la pa­sa­ba con el se­ñor. En es­te ca­so es al “ves­re” y el con­se­jo al to­que es uno so­lo: no de­je que esa dia­bla se le me­ta a la ca­ma, por­que no la va a sa­car nun­ca y su ma­tri­mo­nio va a par­tir co­rrup­to. No me­ta la ca­be­za pen­san­te al guá­ter y cuén­te­le la pos­ta en­te­ra a su no­via. Si no le cree, dí­ga­le que cuan­do la va­ya a vi­si­tar la pen­dor­cha, ella le ha­ga la pi­lla­da al to­que. Así des­en­mas­ca­ra a la mu­ñe­ca y se acla­ran las co­sas. Há­ga­me ca­so, no se agi­le, des­pe­je, Wal­di­ni.

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