Doc­tor­ci­to:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Dí­ga­me al ti­ro si es­toy bien o mal. No quie­ro que mi ma­ri­do tra­ba­je más en su pe­ga. Lle­ga to­dos los días con su ce­lu­lar pla­ga­do de men­sa­jes de pe­lí­cu­las por­nos, olor a co­pe­te y el vier­nes úl­ti­mo ate­rri­zó bo­rra­cho y con per­fu­me de mu­jer. Es­toy segura de que me es­tá po­nien­do los cuer­nos, pe­ro no pue­do lle­gar y ti­rár­se­la.

Lo que sí, hay un a mi­na que se ha­ce la le­sa y se po­ne ner­vio­sa cuan­do voy a su tra­ba­jo a bus­car­lo. Al­go me di­ce que ella le mue­ve la co­la. He llo­ra­do to­da la se­ma­na con es­to. LI­MA

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