Le­li­to:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Há­ga­se al gil no más, nun­ca ma­te­ria­li­ce lo que tie­ne en men­te ha­cer con esa hem­bra. Los amo­res del pa­sa­do cuan­do re­apa­re­cen son pa­ra pu­ro de­jar la pa­tá. De más que la otro­ra ca­bra fe­de­ri­ca se pu­so ri­ca a pun­ta de bis­tu­rí, si­li­co­nas y li­pos. Co­noz­co va­rias “milfs” que an­dan por ahí ti­ran­do sus pe­tar­dos, es­pe­cial­men­te con jó­ve­nes se­men­ta­les. Pe­ro en su ca­so se tra­ta de un ma­cho ca­brío en sus cuar­te­les de in­vierno. El con­se­jo es que se ha­ga el gil, no pi­que, sea fiel y cuan­do ya no pue­da aguan­tar el nu­queo, se va­ya al ba­ño y le ha­ce un nu­do al mu­ñe­co. Lo di­go por­que si lo ha­ce se frie­ga a una mu­jer que lo ama y a una fa­mi­lia en­te­ra.

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