Don Néc­tar:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Sí, tal co­mo lo lee, por­que us­ted no da ju­go, sino que algo más es­pe­so: néc­tar. ¿Sa­ble por qué? Por­que tie­ne en su ho­gar una dio­sa, que apar­te de su her­mo­su­ra le re­ga­la amor y pa­sión. Pe­ro eso no es to­do, ya que ade­más de esos re­ga­los de vida, lo in­vo­lu­cra en algo acor­de a los tiem­pos, que es preo­cu­par­se de la lim­pie­za del ho­gar co­mo pa­re­ja. Ima­gino que us­ted es de esos ma­chis­tas abu­se­tes, que ade­más de ver tra­ba­jar a su amor es­pe­ra que si­ga ma­chu­cán­do­se­las en los queha­ce­res del ho­gar. No, Nés­tor, eso ya pasó por in­jus­to, por bol­si­flái, por pen­ca. Así es que mi con­se­jo es que us­ted se dé la opor­tu­ni­dad a sí mis­mo de que ella si­ga a su la­do. Es­toy a pun­to de in­te­grar­lo a la lis­ta de quie­nes son por de­fi­ni­ción ver­da­de­ros im­bé­ci­les.

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