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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Es­toy can­sa­do de mi mu­jer, no la so­por­to con sus ton­te­ras. Lo úni­co que la sal­va, por aho­ra, del adiós de­fi­ni­ti­vo es su es­tu­pen­da fi­gu­ra y gran ca­pa­ci­dad ama­to­ria, ade­más de bue­na mano pa­ra la co­ci­na. Pe­ro me tie­ne cha­to con su ma­nía de lim­piar to­do ca­da día, de lle­gar de la pe­ga y po­ner­se a tono con la lo­za y que me em­bar­que en esos me­nes­te­res ho­ga­re­ños. Al fi­nal, ter­mi­na­mos pa­san­do la as­pi­ra­do­ra yo y ella sa­cu­dien­do co­sas. No me de­ja tiem­po pa­ra ver el fút­bol, sal­vo las se­ries del ca­nal es­pe­cial. Es­toy que me voy. ¿Le doy la chan­ce de cam­biar?

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