Da­vi­cho:

La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

To­dos los hom­bres han que­da­do acu­mu­la­dos sus me­ses por­que su iño­ra está pre­ña­di­ta y se aguan­tan en­cum­bran­do vo­lan­ti­nes o ha­cien­do me­jor su pe­ga o ju­gan­do a la pe­lo­ta. Pe­ro el caballero se quie­re en­tre­te­ner con la co­le­ga. Mal poh, se­ñor. Aho­ra me ca­yó la te­ja que se ven­gó del ca­bro que le hi­zo los pun­tos a la ve­te­ra­na, por­que ella le atrae y se la quie­re co­mer con arroz. Pien­se en su es­po­sa y en su gua­güi­ta. ¿Pa­ra qué va a me­ter la ca­be­za al guá­ter si se­rá fe­liz con su pe­que­ñi­to o chi­qui­ti­ta? Há­ga­se un nu­do en el que­te­je­di y dis­fru­te su es­ta­bi­li­dad la­bo­ral y su pro­xi­mi­dad a ha­cer pa­pá. Gil.

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