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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Nun­ca pen­sé que bai­lan­do un bo­le­ro de esos que es­cu­cha­ba mi abue­lo me iba a enamo­rar de una mu­jer, le ha­ría el amor y de­ja­ría to­da mi vida que llevo has­ta aho­ra con fa­mi­lia e hi­jos. Es­to fue ha­ce un mes en un bar de ma­la muer­te en Val­pa­raí­so y ba­jo la in­fluenj­cia del al­cohol. Ahí la vi: una hem­bra de 48 años, gran­de, ar­gen­ti­na, vo­lup­tuo­sa, ele­gan­te y con per­so­na­li­dad. Nun­ca pen­sé que a mis 33 años una ve­te­ra­na con ex­pe­rien­cia me iba a pes­car. La sa­qué a bai­lar de pu­ro cu­rao, y co­mo es­ta­ba so­la con va­rias ami­gas me acep­tó. De ahí to­do se dio has­ta que me de­jó se­co y dur­mien­do en un mo­tel de Vi­ña. Se fue y nun­ca más su­pe de ella. Pe­ro vol­ví a mi ca­sa y al día si­guien­te me fui. Só­lo la bus­co y no la en­cuen­tro.

MA­TI

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