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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Ese día nun­ca lo ol­vi­da­ré. Fue co­mo un sue­ño. La co­no­cí en un ta­xi, con­ver­sa­mos mien­tras yo ma­ne­ja­ba. La besé, hi­ci­mos el amor y nos enamo­ra­mos has­ta ca­sar­nos. Te­ne­mos tres hi­jos, y la se­ma­na pa­sa­da un ami­go me con­tó que vio a mi es­po­sa atra­can­do con un ta­xis­ta en un pa­ra­de­ro cer­ca de mi ca­sa. Me dio la di­rec­ción exac­ta y fui. Ti­po 21.00 par­tí al lu­gar y la ca­ché aga­rran­do de lo lin­do. Es más, el hom­bre le te­nía la mano perdida de­ba­jo de la fal­da has­ta que gol­peé la ven­ta­na, rom­pí con un pa­lo to­do el au­to, le sa­qué la cres­ta al ga­llo y a mi es­po­sa la mi­ré con lágrimas en mis ojos. ¿Qué más po­dría ha­cer? Me fui de la ca­sa, ex­tra­ño a mis hi­jos y aho­ra no sé qué ha­go con mi vi­da.

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