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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Me pu­se con una bo­ti­lle­ría ha­ce un año y re­co­noz­co que me es­toy fo­rran­do. Cla­ro, a cam­bio es­toy dur­mien­do ce­ro, a mi se­ño­ra ni la pes­co, pe­ro me sal­vé con una clien­ta que to­dos los días a las on­ce y me­dia de la no­che pa­sa a verme. Ahí la ha­go to­da. De­jo a mi me­dio po­llo y me sal­vo en la bo­de­ga.

Pe­ro to­da co­sa bue­na trae una ma­la. La se­ma­na pa­sa­da lle­gó el po­lo­lo de la hem­bra y me des­tru­yó el lo­cal, más en­ci­ma le con­tó a mi mu­jer, y me echa­ron. Es­toy dur­mien­do acá, pa­sa­do a vino, sin mis hi­jos y a pun­to de re­ci­bir una de­man­da de mi es­po­sa. Se quie­re di­vor­ciar y qui­tar­me to­do. Ayú­de­me.

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