Le di­jo adiós a la mú­si­ca me­ta­le­ra

La Cuarta - - CRÓNICA -

En el am­bien­te me­ta­le­ro Ro­dri­go Orias era co­no­ci­do por ser fa­ná­ti­co del black me­tal, sub­gé­ne­ro que se ca­rac­te­ri­za por sus le­tras an­ti­cris­tia­nas y pa­ga­nas. Una de sus ban­das fa­vo­ri­tas era Dark Fu­ne­ral, quie­nes se pre­sen­ta­ron en Chi­le un año an­tes del cri­men del sa­cer­do­te, es­pe­cí­fi­ca­men­te, el 8 de sep­tiem­bre de 2003 en el Tea­tro Pro­vi­den­cia. Has­ta ese lu­gar lle­gó a ca­be­cear y al tér­mino del con­cier­to le pi­dió a Em­pe­ror Ma­gus Ca­lí­gu­la, vo­ca­lis­ta del gru­po, que le que­ma­ra el bra­zo con un ci­ga­rro y di­bu­ja­ra una cruz in­ver­ti­da, pues que­ría ta­tuar­se esa mar­ca a fu­tu­ro. Ac­tos como és­tos eran ga­ti­lla­dos por la en­fer­me­dad que pa­de­cía, los que des­apa­re­cie­ron por com­ple­to cuan­do se tra­tó en el Hos­pi­tal Psi­quiá­tri­co de Pu­taen­do. Hoy en día, Ro­dri­go no vis­te de ne­gro, tam­po­co tie­ne el pe­lo lar­go, ocul­ta sus ta­tua­jes con la in­ten­ción de bo­rrar­los a fu­tu­ro y no vol­vió a es­cu­char más black me­tal. Es otra per­so­na.

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