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La Cuarta - - OJO, PESTAÑA Y CEJA -

Per­do­ne la mo­les­tia, pe­ro ten­go así el tre­men­do pro­ble­ma de vi­da. Me cuen­tan que des­de que na­cí mi pa­pá in­fla­ba el pe­cho por­que su úl­ti­mo hi­jo, o sea yo, se­ría el más pro­mi­nen­te de la fa­mi­lia, el con más na­riz, con la gam­ba más gran­de y us­ted se de­be ima­gi­nar de qué es­cri­bo. Bueno, fue ver­dad, por des­gra­cia, la tre­men­da mal­di­ción que de­bo lle­var a cues­tas me ha ale­ja­do de mu­chas mu­je­res. ¡Es que no se atre­ven con­mi­go! Es ri­co pa­ra pre­su­mir con los ami­gos, que ha­blen de guas­ca y esas co­sas, pe­ro es só­lo eso. An­do en bus­ca de una da­ma que ten­ga com­pren­sión y no se asus­te, aun­que sea pa­ra pu­ros be­sos.

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